Abbottabad. EN ESTA ciudad, donde los seals de la Marina de Estados Unidos estuvieron el tiempo suficiente el mes pasado para matar al líder de la organización terrorista Al-Qaeda, Osama Bin Laden, y prender un furor nacional, los residentes se están inclinando por otra invasión extranjera.

Quieren que China, la superpotencia emergente que se ubica apenas a 600 kilómetros al norte sobre la Carretera Karakórum, invierta en la económicamente deprimida región, trayendo carreteras, energía y empleos.

China es nuestra ruta a la prosperidad , afirma Haidar Zaman, un anterior alcalde de la ciudad.

Asimismo, muchos líderes políticos de Pakistán creen que lo mismo aplica para el resto del país paquistaní.

Las relaciones bilaterales con Estados Unidos se encuentran en su nivel más bajo en una década, por lo que funcionarios locales han estado activamente promoviendo a China como un benefactor alterno, uno que podría proporcionar recursos militares y económicos en el corto plazo, pero sin las constantes y fastidiosas críticas de Washington.

Sin embargo, el esfuerzo por migrar a Pakistán de la órbita estadounidense a la china se ha topado con una cruel realidad: al país asiático no le interesa mucho que digamos.

El escepticismo de China hacia Pakistán explica porque, a pesar de la profunda antipatía hacia Estados Unidos, Pakistán en el fondo no quiere forzar una ruptura más profunda de sus vínculos con Washington, que aporta miles de millones de dólares anualmente en ayuda.

Irónicamente, los mismos factores que mantienen a Estados Unidos muy comprometido con Pakistán, el terrorismo y la inestabilidad, han convencido a China de mantenerse lo más alejado posible de esta nación.

Lo que Estados Unidos está haciendo en Pakistán no es un papel que el gigante asiático esté muy ansioso por asumir , reconoció Ashraf Alí, director del centro de investigaciones FATA, que se enfoca en la militancia en la región noroeste del país.

Un funcionario chino que pidió el anonimato describe a Pakistán como un aliado cercano, en lo político y lo militar. Además, agregó que el país representa una buena oportunidad de negocios para empresas chinas.

Al mismo tiempo, expresó temores acerca del extremismo islámico reinante y admitió que cualquier proyecto de convertir a Pakistán en un socio comercial de gran envergadura para China requeriría de décadas para poder lograrlo.

Tanto el presidente de Afganistán, Asif Alí Zardari, y el primer ministro, Yousaf Raza Gillani, visitaron China el mes pasado, poco después de la muerte del líder de Al-Qaeda, Bin Laden. Ambos describieron al gigante asiático como el mejor amigo de Pakistán .

Mientras que el Ejército paquistaní, que siente una gran irritación contra Estados Unidos por no haber informado sobre la redada contra Bin Laden en mayo pasado, está feliz por la reciente decisión de su gobierno de adquirir 50 aviones caza de China, aunque no se sabe aún qué efecto tendrá dicha decisión sobre el flujo de ayuda estadounidense.