La industria del cannabis de Colombia ha tenido un gran auge y popularidad en los últimos años en el mercado internacional, principalmente en el sector medicinal. Hoy en día, con las puertas abiertas a la legalización y a mercados con altos estándares de calidad como el farmacéutico y el cosmético, el cannabis tiene grandes proyecciones y podría ser el nuevo aguacate hass, un cultivo que apenas está en crecimiento, pero que tiene grandes proyecciones de producción en toneladas y un mercado internacional ávido del insumo.

El 24 de julio pasado, el presidente colombiano Iván Duque firmó un nuevo decreto que le da otro dinamismo al mercado del cannabis en Colombia, pues ahora se permitirá la exportación de la flor seca, una modalidad que reduciría algunos costos de transformación.

Este es un sector cuyo valor estimado de mercado global es de 3,041 millones de dólares, pero que para 2025 podría llegar a 64,000 millones, según explicó la directora ejecutiva de la Cámara de Comercio Colombo Americana (AmCham) en medio del anuncio del nuevo decreto.

Ahora bien, con esta noticia el sector aumenta de manera significativa las proyecciones de exportación, que ascienden a los 17,700 millones de dólares, cifra que ubica al cultivo arriba de las proyecciones de otros productos de gran relevancia en la balanza comercial, como el petróleo (16,843 millones de dólares), manufactura (8,324 millones), carbón (7,448 millones), café (2,268 millones) y flores (1,400 millones), según datos de Econcept.

“Es claro que el mercado del cannabis tiene un potencial muy grande. Las proyecciones muestran que para 2025 el tamaño de la industria puede llegar a ser 100,000 millones de dólares y hay gente que dice que el tamaño en Colombia podría ser de 1 millón de dólares en 2025. Ahora bien, la posibilidad de que Colombia haga parte de este mercado dependerá de la capacidad productiva que se tenga a nivel nacional para satisfacer la demanda internacional” explicó Lucas Nosiglia, presidente de Avicanna Latam.

Andrés Fajardo, presidente de Clever Leaves, afirmó que “cuando se tiene claro que se va a trabajar para la producción de cannabis con fines medicinales, se sabe cuál es el foco del producto y esto es una decisión que tienen que tomar las compañías porque las inversiones son altas y los tiempos son largos. Para poder sacar un producto de grado farmacéutico es necesario hacer varios análisis, una serie de pruebas y si uno como compañía esta bien posicionado en el mercado, como nosotros en el mundo de la flor y el extracto, pues se requiere mucho tiempo”.

Fajardo agregó que en el mercado internacional Colombia se ha ido posicionando como uno de los líderes, y la posibilidad de exportar la flor seca masifica aún más el crecimiento de la industria en comparación con otros puntos referentes.

En cuanto a la calidad, las condiciones climáticas y topográficas del país permiten que se cultive cannabis de gran nivel, de hecho cumplen con los requisitos de mercados como el europeo; este es el caso de Asomiravalle Norte, una asociación de agricultores de cannabis en el Valle del Cauca que trabaja para tener un producto de alta calidad para otros mercados.

Según explicó Carlos Gómez, CEO y chief officer de Asomiravalle Norte, están exportando el producto hacia mercados internacionales, pero le apuntan al europeo. Sin embargo, agregó que la única manera de que el mercado nacional crezca y pueda responder a la demanda internacional es que los agricultores realicen un trabajo mancomunado en el que se dispongan de recursos comunes para unificar la calidad del cannabis y reducir costos.

El impacto ambiental de cultivar cannabis

Una planta de cannabis captura 1.8 kilogramos de CO2 en 108 días de vida según datos recolectados en Asomiravalle Norte; tal cifra representa 90% del peso total de la planta una vez es cosechada, pues este ronda los dos kilos. Un cultivo de 10,000 plantas absorbe poco más de 18,000 kg, el equivalente a lo que contamina, en promedio, un carro en dos años de uso.