Los niños perdidos comienza con un epígrafe en el que subyace una oración migrante: “Salir es morir un poco. Llegar es nunca llegar/Algunos días, parece que las distancias entre nosotros no se pueden cerrar”.

Los niños perdidos es una obra de ficción que pone de relieve nuestra humanidad común y nos desafía, como nación, a reconciliar nuestras diferencias.

La novela de Valeria Luiselli es un viaje épico a través de un paisaje doméstico desintegrado; eco narrativo de su acostumbrada obra no ficción. Parece que todo es real dentro de un viaje de un mujer con su esposo e hijos a través de la frontera México-Estados Unidos.

En la obra de Luiselli, una residente neoyorquina nacida en la Ciudad de México, se aborda la responsabilidad de Estados Unidos en el cuidado de los niños migrantes cuyas vidas y familias se han hecho demasiado frágiles ante las durísima política antiinmigrante.

Luiselli amplía su lente para capturar las intimidades ingobernables del matrimonio y la paternidad de la pareja.

En efecto, una infeliz pareja que se ubica en el centro de la historia (ella, una reportera de radio, él en busca de grabar sonidos arcanos), ya no se encuentra atada al proyecto que los unió: capturar el paisaje sonoro de Nueva York.

En el pasado, Luiselli ha traducido material para niños refugiados, por lo que, el narrador de la novela, se ha involucrado en historias complejas de niños migrantes cuyo futuro siempre es incierto.

Luiselli narra las alegrías y los desconciertos que se acumulan en la cotidianidad de los padres que pierden de vista su propia felicidad en medio del ajetreo, el seguro de salud, las tiendas de comestibles, la lavandería.

A lo largo del relato, la narradora teje los destellos líricos de la vida americana en su decadencia: “vemos más iglesias que personas, y más signos de lugares que lugares”.

No sólo el culpable es Trump

Tras el cierre parcial del gobierno estadounidense más prolongado en la historia, vale la pena decir que, si bien el presidente Trump presenta rasgos racistas sobre los inmigrantes y ha mencionado datos falsos con tal de recibir apoyo para la construcción del muro fronterizo, el trato inhumano hacia los niños migrantes comenzó antes de su presidencia.

Bajo la Presidencia de Barack Obama, el gobierno de Estados Unidos aceleró los trámites migratorios de niños centroamericanos migrantes no acompañados, lo cual suena bien, hasta que el narrador de Luiselli en la novela advierte que los niños que no pudieron encontrar un abogado fueron devueltos a sus respectivos países de origen.

Los niños perdidos concluye con fotografías de Polaroids proporcionadas por la autora, pero de manera ficticia tomadas por el hijastro, relatando el viaje de su familia a los mismos cañones donde tanta gente ha encontrado su fin.

Los niños “viajan solos en tren, cruzando el desierto, durmiendo en el suelo bajo el enorme cielo”, escribe el narrador.

El magnífico realismo de esta obra se desarrolla en cuatro partes intercaladas con bibliografías, mapas, informes de mortalidad de migrantes, fotos y notas.

La narradora y su hijastro se turnan para leer un texto ficticio de la escritora inventada, Ella Camposanto, cuyo apellido significa cementerio en español.

El texto se llama “Elegía para niños perdidos” y termina siendo un relato poético de niños migrantes que desafían a La Bestia.

Luiselli explora y cuida los detalles en su obra. El narrador logra generar empatía a lo largo de la novela. Son los típicos rasgos de los grandes escritores.

Son muchos temas de una violenta realidad los que se comprimen en la novela: gente que huye de la violencia o el aislamiento de la diáspora.

El péndulo abarca desde el colapso de un matrimonio hasta la brutal deportación de los niños migrantes.

Valeria Luiselli discutirá su libro en la librería Politics and Prose en Washington el próximo martes 19 de febrero a las 7 de la noche. Ahí estaré.