Kabul. En la capital afgana, Kabul, la vida volvió a tomar su ritmo lentamente en medio de un fuerte temor al nuevo régimen talibán, que refuerza su control en la ciudad y obstaculiza la salida de los que quieren huir del país.

Los comercios reabrieron en Kabul, el tráfico se reanudó y los policías controlaron la circulación, mientras que los talibanes vigilaban los puestos de control.

Un responsable talibán concedió una entrevista a una periodista de una cadena de noticias y una escuela para niñas abrió en Herat (oeste).

Pero algunas señales indican que la vida no será la misma. Los hombres cambiaron sus ropas occidentales por el shalwar kameez --la holgada vestimenta tradicional afgana-- y la televisión estatal emite principalmente programas islámicos.

Las escuelas y universidades de la capital siguen cerradas y pocas mujeres se atrevieron a salir a la calle.

Algunas mujeres se congregaron brevemente a la entrada de la "zona verde" para pedir el derecho a volver a trabajar. Los talibanes intentaron en vano dispersarlas, antes de que civiles las convencieran de marcharse.

Los talibanes también anunciaron "una amnistía general" para todos los funcionarios estatales, llamándolos a "retomar su vida cotidiana con total confianza".

El rostro de las calles de Kabul ha cambiado en pocas horas.