El presidente socialista francés François Hollande, en caída libre en los sondeos, anunció que renuncia a presentarse a la reelección en el 2017, una decisión inédita en la historia reciente de Francia. He decidido no ser candidato a la elección presidencial , anunció Hollande, de 62 años, con la voz quebrada, en un mensaje solemne en el Palacio del Elíseo, retransmitida por televisión.

Prometió ser un presidente normal en las antípodas de su predecesor Nicolas Sarkozy, pero François Hollande ha debido encarar atentados sin precedente en Francia y a una impopularidad récord.

Al fin de su quinquenio, se ha convertido en el presidente más impopular del país desde la Segunda Guerra Mundial y es violentamente criticado incluso en el seno de su partido.

Pese a su rol de padre de la nación adoptado tras los primeros atentados en enero del 2015 y alabado incluso por la oposición, François Hollande ha pagado el precio de su fracaso a la hora de crear consenso en torno a su política económica.

Hollande es muchas cosas a la vez: previsible y audaz, timorato y valiente, tortuoso y simple, reflexivo y despreocupado, sentimental y frío , dicen de él Gérard Davet y Fabrice Lhomme, periodistas autores de un libro de entrevistas con el mandatario recientemente publicado.

En el 2012, el primer presidente socialista de Francia desde François Mitterrand (1981-1995) fue elegido con una promesa de ruptura frente a su predecesor de derecha Nicolas Sarkozy, considerado como favorable a las clases ricas, y de modestia, frente al estilo bling bling de su rival.

Sin embargo, los movimientos de protesta a sus políticas se han sucedido durante prácticamente todo su mandato. En el 2013, una reforma prometida durante su campaña para legalizar el matrimonio gay provocó una fractura en la sociedad francesa.

Después, el aumento sin precedentes de la presión fiscal a particulares y empresas, acompañado de una bajada del gasto público, suscitó la hostilidad de buena parte de la clase media.

Para luchar contra unas tasas de desempleo cerca de 10%, el presidente optó por un viraje socioliberal a medio mandato, a mediados del 2014, que le valió las iras del ala izquierda del Partido Socialista y la defección de varios de su ministros.

Esa hostilidad a una política considerada demasiado favorable a las empresas culminaba a principios del 2016 con una guerra en el parlamento con los rebeldes de mayoría gubernamental opuestos a una reforma laboral que al mismo tiempo lanzó a decenas de miles de trabajadores, jóvenes y estudiantes a las calles en multitudinarias manifestaciones.