Editorial del Washington Post

Resulta miserable que el presidente Donald Trump haya dedicado el viernes unas palabras tontas a Venezuela justo cuando el pueblo está siendo gobernado por el cada vez más represivo e irracional de Nicolás Maduro.

Las democracias del Hemisferio Occidental se estaban uniendo contra el último golpe de poder del señor Maduro, una falsa elección para instalar a una nueva Asamblea con su sello, acompañada de una represión en contra de los opositores.

La semana pasada varios países de la región firmaron la Declaración de Lima con la que desconocen a la Asamblea Constituyente de Maduro.

Con su comentario fuera de lugar, es decir, al amenazar a Maduro con una invasión militar, Trump descompuso la diplomacia regional.

Las palabras de Trump inmediatamente proporcionaron una pizca de credibilidad a las teorías de conspiración contra el régimen de Maduro.

Todas las amenazas extranjeras o nacionales de recurrir a la fuerza socavan el objetivo de restablecer la gobernabilidad democrática en Venezuela, así como los principios consagrados en la Carta de la ONU , dijo el canciller peruano Ricardo Luna.

El régimen de Maduro no debe tener más oportunidades de cambiar el tema de su propio desgobierno.

Y ese desgobierno es profundo si se suma la creciente inflación y la escasez de alimentos, la reciente ola de violencia contra disidentes y manifestantes que ha dejado 125 muertos y la corrupción gubernamental.

Los venezolanos están tratando de huir de la tensión, otra causa por la que los vecinos tratan con delicadeza a la crisis.