Madrid. Cuando el primer ministro José Luis Rodríguez Zapatero llegó al poder hace siete años, él y su Partido Socialista Obrero Español (PSOE) se propusieron perfeccionar el estado de bienestar en España. La meta era igualar o superar la generosa protección social de sus vecinos europeos.

Tras una semana de protestas multitudinarias en todo el país por el fracaso económico del régimen, con una tasa de desempleo que supera 21%, las elecciones municipales y regionales de este domingo parecían marcar el fin del mandato del PSOE y la llegada inminente del conservador Partido Popular.

Cuando llegó Zapatero elevó el salario mínimo y amplió los servicios de salud para cubrir todo, desde un catarrito hasta un cambio de sexo. Dispuso becas para todos. Los jóvenes adultos obtenían subsidios de renta, los fondos de emancipación. Las madres recibían un bono de 3,500 dólares por parto, las guarderías eran gratuitas y los adultos mayores obtenían subsidios para enfermeras.

Cómo han cambiado los tiempos. La burbuja inmobiliaria de España explotó como en EU y tras el tsunami económico que pegó de Wall Street a la Plaza de España, Zapatero tuvo que dedicar su segundo periodo a recortar el gasto para conservar la calificación crediticia del país. Congeló las pensiones, aumentó la edad de jubilación de 65 a 67, recortó los derechos de los sindicatos, redujo los sueldos de la burocracia en 5 por ciento. La alternativa era la bancarrota.

El costo de las medidas fue alto. Zapatero anunció que no buscará un tercer periodo, en la esperanza de que los socialistas encuentren un candidato menos contaminado.

Las protestas demuestran que la población está frustrada por las medidas de austeridad.