Bagdad. Un manifestante iraquí murió después que la policía abriera fuego contra varias protestas multitudinarias celebradas en ciudades del sur del país y en Bagdad, donde, además, una serie de cohetes impactó cerca de la embajada estadounidense al caer la tarde.

Determinados, ondeando banderas iraquíes, los manifestantes, que reclaman desde el 1 de octubre reformas políticas profundas, volvieron a invadir calles y plazas de Bagdad y de varias ciudades del sur del país, de donde habían sido desalojados la víspera.

“¡Sólo por ti, Irak!”, rezaba una de las pancartas en Kerbala, en el sur, en alusión al rechazo del movimiento a que ningún partido político o potencia extranjera se adueñe del mismo.

En Nasiriya, otra ciudad del sur de Irak, las fuerzas de seguridad dispararon balas reales para dispersar a los manifestantes, que se reunieron de forma masiva después de que los agentes los expulsaran de las grandes avenidas que confluyen en el principal sitio de la protesta, la plaza Habubi.

Ante el temor de que su movimiento acabe siendo aplastado después de que el influyente líder chiita Moqtada Sadr les retirara su apoyo, los manifestantes volvieron a ocupar el sábado por la noche las principales plazas, pese a la fuerte represión de las fuerzas de seguridad para expulsarlos de allí.

El sábado, cuatro manifestantes fueron abatidos en Bagdad. Por otro lado, este domingo por la tarde cayeron entre tres y cinco cohetes cerca de la embajada de Estados Unidos en Bagdad, informaron dos fuentes de seguridad, que no reportaron víctimas.

Previamente, las fuerzas de seguridad de la capital habían abierto fuego para dispersar varias concentraciones en dos plazas del centro, según una fuente policial. Al menos 17 manifestantes resultaron heridos, seis de bala, explicó la misma fuente. Los manifestantes lanzaron piedras y cocteles molotov contra los agentes antidisturbios.

Nuevos campamentos y cortes de carreteras

En Basora, algunos estudiantes protestaron porque las fuerzas de seguridad desmantelaron su campamento.

En Kut, los estudiantes montaron nuevas tiendas, y en Nayaf, varios manifestantes bloquearon carreteras.

Desde el 1 de octubre, el movimiento de protesta contra el poder, de carácter espontáneo, se vio empañado por la violencia, que ha causado al menos 470 muertos (manifestantes en su mayoría), según fuentes médicas y policiales.

Pero, aunque las protestas condujeran a la dimisión del primer ministro, Adil Abdul Mahdi, éste sigue gestionando los asuntos corrientes del país, en un contexto de estancamiento político, pues los diputados no logran ponerse de acuerdo para encontrarle un sucesor.

Sadr cambia de estrategia

Además, desde el viernes, los manifestantes temen que, sin el apoyo de Moqtada Sadr, el poder aumente la represión.

El influyente líder chiita respaldaba la contestación, pero el viernes por la noche anunció que dejaba de hacerlo, en un giro inesperado, después de que miles de simpatizantes suyos se concentraran en Bagdad para reclamar la partida de los 5,200 militares estadounidenses desplegados en el país.

En cuanto hizo el anuncio, sus seguidores, que hasta entonces habían apoyado a los manifestantes y que estaban considerados como los mejor organizados del movimiento, desmontaron sus tiendas, tanto en Bagdad como en el sur.