A falta de dos días para que se celebren las elecciones autonómicas en Cataluña es más difícil que nunca hacer pronósticos sobre los resultados.

La esperada abstención, unida a un porcentaje de indecisos de más del 25% en las encuestas, indica que no hay nada claro sobre qué partido obtendrá más escaños y cuáles serán las posibles coaliciones para gobernar.

La media de encuestas apuntan hacia un triple empate entre el Partido de los Socialistas Catalanes (PSC), Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y Junts (JxCat), y no está claro si Podemos superará a Ciudadanos o Vox al PP.

Son unos comicios inéditos con la pandemia en plena tercera ola y una lucha sin cuartel entre socios en el Gobierno de España y los de la Generalitat.

Lo que los socialistas llamaron el "efecto Illa", que les hacía presumir de un triunfo fácil el 14 de febrero, se ha ido desvaneciendo poco a poco, mientras el bloque independentista plantea una doble lucha: entre ellos y todos juntos contra el candidato del PSC.

Pocas ideas y muchos llamamientos a las emociones en mítines sin casi público y muchos viajes entre Madrid y Barcelona, entre las principales ciudades catalanas y la prisión de Lledoners (en donde duermen los condenados por sedición), mensajes telemáticos de los fugados de la Justicia en Bruselas (Carles Puigdemont).

Además, las promesas que unos y otros hacen en campaña son cada vez más difíciles de creer. Sobre todo, las de Salvador Illa, que afirma solemnemente que nunca gobernará con independentistas (todavía resuena el eco de las palabras en 2019 de Pedro Sánchez enfadado ante las acusaciones de que iba a pactar con Unidas Podemos, ERC o EH Bildu).

La realidad más allá de promesas

Todo el mundo sabe que si el PSC obtiene más escaños que nadie intentará en primer lugar formar un tripartito de izquierdas con ERC y En Comú Podem. Y los republicanos se están hartando de decir de que nunca renunciarán a la independencia de Cataluña y volverían a repetir el referéndum ilegal del 1 de octubre de 2017 y la declaración unilateral de independencia.

En Moncloa, empiezan a dudar sobre las probabilidades de que Salvador Illa resulte vencedor y pueda proponer el tripartito del que ahora reniega. Por eso, tienen ya diseñado un plan B, para evitar que ERC, Junts y la CUP vuelvan a formar un gobierno abiertamente independentista. En caso de que sean los republicanos los que ganaran en escaños, los socialistas estarían dispuestos a aceptar un pacto parlamentario por el que, sin formar parte de la Generalitat, votaran a favor de una coalición entre ERC y la coalición morada. Un modelo similar al del Parlamento español, cambiando al PSOE por ERC, que gobernaría en minoría con apoyo de los socialistas.