Bruselas. Josep Borrell, al inicio de su mandato como alto representante de la Política Exterior de la Unión Europea, dijo que ésta debía ser un actor con influencia y no sólo el terreno de juego que se limita a vociferar comunicados que pocos escuchan ahí fuera.

Esa misma idea ha reiterado en la Cumbre de Seguridad de Munich, la cita anual que esta 55 edición ha recibido a cerca de una centena de políticos de todo el mundo. “Decir que estamos preocupados no arregla nada. Europa debe desarrollar el apetito de poder y aprender el lenguaje del poder”, expresó el español.

“Es muy difícil hacerlo de un día para otro o incluso en cinco años, porque cada Estado miembro tiene culturas políticas diferentes originadas de su historia. Necesitamos una estrategia común que emane no en las raíces de nuestra historia pasada sino en los desafíos del futuro”, dijo en la ciudad germana.

Mientras la UE busca la fórmula para pasar de tener “influencia” a tener “poder” en los asuntos exteriores e independizarse de Estados Unidos, este país insiste en el buen estado de la relación transatlántica.