Guernica, Argentina.- A la intemperie o bajo improvisadas tolderías, unas 2,500 familias desafían a la justicia y al covid-19 desde hace más de un mes cuando ocuparon terrenos del sur de Buenos Aires, la provincia más poblada del país y donde la pandemia golpea con mayor virulencia.

"Aquí hay gente sin trabajo, familias que no pudieron afrontar más el alquiler, otros cansados de vivir apilados o en situación de calle", resume a la AFP Yamila, una de las ocupantes.

Ella misma, a sus 25 años asistente social y sin trabajo, se esperanza con salir del hacinamiento. La crisis económica la empujó a regresar a la casa materna, donde vive con ocho hermanos.

Desparramados en 100 hectáreas de baldío en Guernica, en el segundo cordón de la periferia sur de Buenos Aires, muchos usan tapabocas y cada grupo familiar mantiene la distancia como puede.

Un colectivo de abogados interpuso un amparo que frenó el desalojo.

Buenos Aires, con 15 millones de habitantes, es la provincia más poblada del país y la más rica, pero también la de mayores contrastes, pues casi uno de cada dos habitantes es pobre.

Sus distritos más poblados, aquellos que abrazan a la capital argentina, conforman con ésta la región metropolitana, donde se han producido 90% de los casi 400,000 casos de coronavirus en Argentina con más de 8,000 muertos.

Basura y ratas

"Nací y crecí en Guernica, desde que recuerdo aquí hubo un basural", afirma Yamila señalando el lugar en el cual ahora estacas demarcan un improvisado loteo.

El 20 de julio un puñado de personas desmalezó los yuyos, ahuyentó las ratas y se instaló casi sin nada. A la semana eran miles.

"La crisis económica es muy fuerte y se agravó con la pandemia. Muchos de los que pagábamos alquiler tuvimos que elegir entre pagar o comer", explica.

En marzo el gobierno de Alberto Fernández impuso restricciones sanitarias para frenar el avance de la pandemia que, aunque ralentizó la curva de contagios, destrozó los brazos más precarizados de la economía.

Entre los ocupantes del predio hay exempleadas domésticas, pintores, albañiles y jardineros.

"Eran trabajadores hasta que empezó todo y cayeron en desgracia", resume Yamila.

Sueños a cuestas

Jael tiene 38 años y cinco hijas. Sobreviven con lo que gana su esposo vendiendo golosinas en el tren, raleado de pasajeros por la cuarentena. Cuando supo de la ocupación, trajo lo que pudo en un auto destartalado, única propiedad familiar.

"Nos vinimos con el auto cargado de sueños, de esperanza, nos trajimos el colchón, frazadas y nos instalamos primero con una carpita (de lona) de pileta, después una alfombra que encontramos en la calle", explica junto a su "casa", una choza improvisada.

Antes vivían con su suegra y otros 14 familiares. "Dormíamos en el living en un colchón de dos plazas, las nenas y nosotros, éramos casi 22 para comer, no pudimos más".

Una vivienda propia está fuera de su alcance. "Volvíamos llorando, alquilar no se podía, con la pandemia el trabajo no es como antes, a veces tenemos 900 pesos (1.16 dólares) por día, antes mi marido hacía 2,000".

En medio de las improvisadas carpas, el humo se levanta en una olla solidaria. En un rato habrá guiso para compartir.

"La República Argentina no está llena de ricos, hay mucha gente pobre, trabajadora, que quiere salir adelante", afirma Jael.

Con 44 millones de habitantes la pobreza alcanza casi al 40%, pero sobrepasa el 50% en algunas regiones.

Argentina está en recesión desde 2018 y su economía se derrumbará casi 10% más este año, según estimaciones del Fondo Monetario Internacional.

Tierras vacantes

El predio de Guernica no tiene dueño. Al menos ninguno de los que lo reclaman como propio pudo acreditar propiedad ante la justicia.

"Si no hay dueño, no hay usurpación, entonces no hay delito", asegura Eduardo Soares, de la Gremial de Abogados y Abogadas, patrocinador de los ocupantes de Guernica y de otras tomas de tierra que han ocurrido en la provincia de Buenos Aires durante la pandemia.

Una ley provincial sancionada en mayo, suspende "las ejecuciones o lanzamiento colectivos" hasta el 30 de septiembre.

Antes que venza el plazo, los abogados esperan un fallo que ponga a resguardo a los casi 3,000 niños que permanecen en Guernica.

"Somos familias, queremos un pedacito de tierra para vivir, que si falta el plato de comida por lo menos tener un techo. Hoy en día en Argentina es un montón", dice Yamila.