Ciudad del Vaticano. El Papa Benedicto XVI beatificó al Papa Juan Pablo II ante 1.5 millones de fieles en la Plaza de San Pedro y calles adyacentes este domingo, impulsando al amadísimo expontífice un paso más cerca de la posible santidad.

La multitud en Roma y en capitales alrededor del mundo explotó en júbilo, lágrimas y aplausos al ser develada sobre la logia de la Basílica de San Pedro una enorme fotografía de un joven y sonriente Juan Pablo, mientras un gran coro entonaba himnos asociados con el Papa polaco.

Restauró a la cristiandad su verdadero rostro como la religión de la esperanza , arguyó Benedicto en su homilía, en referencia al papel decisivo de Juan Pablo para derribar al comunismo. Los comentarios de Benedicto estuvieron salpicados de recuerdos personales del hombre que llegó a reverenciar durante el cuarto de siglo que trabajaron juntos.

La beatificación es el primer gran paso hacia la posible santidad, uno de los más altos honores de la Iglesia Católica. Se necesita un segundo milagro atribuible a Juan Pablo para lograr la canonización.

La beatificación, la más expedita de los tiempos modernos, representa un impulso moral para una Iglesia herida por la crisis de los abusos sexuales, pero también ha desencadenado una nueva ola de indignación por parte de las víctimas de abusos, porque los escándalos ocurrieron durante el mandato de 27 años de Juan Pablo.

La policía cercó amplias secciones de Roma, algunas a kilómetros del Vaticano, para garantizar la seguridad de los 16 jefes de Estado, ocho primeros ministros y cinco integrantes de las casas reales de Europa que asistieron a la ceremonia. También participaron en la estricta seguridad helicópteros, lanchas rápidas que patrullaron el Río Tíber y 5,000 tropas.

Benedicto colocó a Juan Pablo en la vía rápida para convertirse en santo cuando otorgó una dispensa especial al tradicional periodo de cinco años de espera para procesar la beatificación, permitiendo que el proceso se iniciara semanas después de la muerte de Juan Pablo, el 2 de abril del 2005. El actual pontífice dice que tomó la determinación cuando, en los funerales de Juan Pablo, las multitudes clamaban ¡Santo subito!, que equivale a santidad inmediata. En la ceremonia del domingo muchas mantas se erigieron con la misma consigna.