Tal vez uno de los sectores que históricamente más cambios radicales ha mostrado en la política pública financiera es precisamente lo que se conoce como banca de desarrollo. Actualmente, son siete entidades financieras consideradas bajo esa figura: Nafin, Bancomext, Banobras, Bansefi, SHF, Banjercito y Financiera Rural, pero lo que es un hecho es que desde su creación han sido instrumentos utilizados con fines diversos y, en consecuencia, actuado bajo directrices que van en un sentido u otro, generándose finalmente una debilidad estructural de las mismas instituciones que, en el mejor de los casos, no contribuye a que alcancen las metas vigentes en la administración de que se trate. La gestión con directrices pendulares no abona a la consolidación de empresa alguna.

La reforma financiera publicada en el DOF el 10 de enero del 2014 es el referente más actual de la definición de las políticas públicas aplicables en la materia, que se materializa a través de la publicación de 13 decretos con la modificación de 34 legislaciones, especificándose como mandato para la banca de desarrollo el otorgar más financiamiento con inclusión, perspectiva de género, énfasis en la innovación, apoyos al campo y Mpymes, etcétera.

Por otra parte, cuando se habla de transgresiones al Estado de Derecho, naturalmente vienen a la mente supuestos en los cuales las conductas activas o pasivas de la autoridad afectan los derechos de los gobernados, en muchos de los casos, en forma directa o violenta y para todos evidente; pero qué sucede cuándo la afectación no es a un grupo de individuos determinado en un momento determinado, sino que se trata de una transgresión que pudiera incluso implicar al inicio “beneficios” para un amplio colectivo de la sociedad.

La banca es una de las actividades más antiguas de la humanidad; por lo tanto, que más experiencias ha dejado, mismas que, al ser obviadas, terminan cobrando los intereses más altos para los directamente involucrados, pero también para las sociedades en general. Las crisis bancarias no son producto de la casualidad y eso lo sabemos.

La banca de desarrollo en México ha oscilado entre actuar como entidad financiera de primer o segundo piso, atendiendo directamente a los usuarios de los servicios financieros o a través de la intermediación de la banca y otras entidades privadas.

En ocasiones, estos cambios han causado importantes carteras vencidas, ya que no se trata de una simple instrucción, sino que previamente conlleva el análisis de las capacidades e infraestructura humana y material con que se cuenta. No es lo mismo otorgar, administrar y recuperar decenas de miles de créditos de consumo a lo largo del país, que decenas de mecanismos de fondeo o descuento para ser administrados y recuperados por la banca comercial.

Consideraciones necesarias

  • Las sinergias estratégicas son alternativas rápidas y efectivas para potenciar la colocación de los productos (v. gr. bancos con sucursales vs bancos sin red nacional), con menos costo que las fusiones y liquidaciones.
  • La experiencia y especialidad de los buenos banqueros suma en el activo del balance; la novatez seguramente se registrará del lado del pasivo.
  • El otorgar financiamientos laxamente cuesta su importe mínimo dos veces, cuando se fondea el crédito y cuando se aporta capital a reservas por la cartera vencida.
  • La banca es claramente un motor del desarrollo nacional, mientras más grande sea su meta, más recursos debieran permitírsele conservar y reinvertir.
  • El enfoque estratégico y observancia de las sanas prácticas internacionales, actualmente reconocidas y normadas en nuestro sistema jurídico, son el marco que mitiga el riesgo de nuevas crisis sistémicas; en otras palabras, el costo de pagar los platos rotos después de una gran fiesta.

@LBartolini