El presidente ejecutivo de la cadena global de cafeterías Starbucks, Howard Schultz (66), dejará su cargo a finales de este mes.

En una misiva enviada ayer a los empleados de la compañía, el empresario dio algunas pistas sobre lo que piensa hacer después: “Estoy pensando en varias opciones, desde la filantropía hasta el servicio público, pero estoy lejos de saber qué me traerá el futuro”.

Estas declaraciones alimentan los rumores sobre una eventual candidatura a la presidencia para el partido demócrata en 2020. Shultz nunca ocultó sus simpatías por los gobiernos de Barack Obama y apoyó de manera activa la campaña de Hillary Clinton.

Cuando en 1982 Shultz empezó a trabajar en Starbucks como director de operaciones y marketing, la compañía tenía cuatro establecimientos. Un año más tarde, dejó la empresa y viajó a Italia. De vuelta a Estados Unidos, abrió su propia cadena de cafeterías, Il Giornale.

En 1987, compró Starbucks junto con otros inversores y se convirtió en CEO. Más de 30 años más tarde, Starbucks es una marca global que está presente en 77 países con más de 350,000 empleados.

En México, donde la marca es explotada por Alsea, la cadena cuenta con más de 600 tiendas y 7,000 empleados en más de 61 ciudades. En los 15 años que lleva Starbucks en el país, Alsea ha invertido más de 5,500 millones en su desarrollo.

Aquí siguen algunas citas de Shultz, relacionadas con capital humano y el mundo laboral:

“Starbucks no es un anunciante; la gente cree que somos muy buenos haciendo marketing, pero en realidad gastamos muy poco dinero en marketing y mucho más en la formación de nuestros empleados que en anuncios”.

“Estoy a favor de que suba el salario mínimo. Pero tenemos que ser muy cuidadosos con lo que queremos porque una subida del salario puede hacer que a algunos patrones – y podría haber muchos – les dé miedo hacer nuevas contrataciones o crear horas adicionales para los empleados a tiempo parcial”.

“Mi padre tuvo varios trabajos como obrero y nunca ganó más de 20,000 dólares al año. Cuando yo tenía siete, resultó herido en un accidente laboral. Es un detalle importante; por esta lesión, no podía caminera y la empresa donde trabajaba no le pagó. No hubo indemnización. Por tanto, no hubo ni dinero ni comida”.

“El gran desafío del negocio minorista es la condición humana”.