Veintisiete años de edad y varios obstáculos superados. Jessica González Torres pasó una tercera parte de su vida en Estados Unidos. Viajó a ese país a los 13, sola. Ha trabajado desde niña, intentó estudiar aquí y allá. Y ahora, con dos hijos, está a punto de convertirse en una programadora de software. La oportunidad surgió en México.

Jessica González deja un momento las clases para dar una entrevista a Factor Capital Humano. En un mes se graduará como ingeniera en programación de computadoras. Y entonces, de ganar 8 mil pesos al mes en su anterior empleo, podría tener ingresos por alrededor de 30 mil. Mucho más, si encuentra una mejor oferta. 

No asiste a una universidad, sino a HolaCode, una empresa social. Esa compañía creó un plan de estudios “informal”, e intensivo, para enseñar a programar en cinco meses. Su objetivo es contribuir a la solución de dos problemas del país: el rezago tecnológico y el desperdicio de talento de los binacionales.

En sus aulas solo acepta alumnos que fueron migrantes. La gran mayoría son mexicanos que vivieron en Estados Unidos y han tenido que regresar. Pero también tienen en sus filas a refugiados centroamericanos que no encontraron lugar en el país del norte y, por razones de seguridad, no pueden volver a su país.

Emprendimiento con impacto social

Hace un año y medio la mexicana Marcela Torres García y el francés Nicolas Demeilliers fundaron HolaCode, en la colonia Juárez, en el centro de la Ciudad de México. “Es un emprendimiento con un objetivo social. Producir utilidades no está peleado con generar un impacto social positivo”, afirma Torres. 

La compañía es una Sociedad Anónima Promotora de Inversión (Sapi). “Eso nos permite otorgar créditos y recibir inversión”. Por el momento, se han apoyado en empresas llamadas venture capital, dedicadas a financiar proyectos tecnológicos. Así como de fondos de inversión de impacto, que respaldan a compañías con una causa social.  

Marcela Torres estudió una maestría en Planificación del Desarrollo Social en la University College de Londres y de manera autodidacta aprendió programación. 

Falta capital humano para desarrollar software

“Tradicionalmente hay que cursar una ingeniería. Pero la tecnología avanza muy rápido, las propias universidades tienen problemas en actualizarse”, señala la joven, quien funge como directora ejecutiva. 

“México ha llegado tarde a la cuarta revolución industrial, aunque poco a poco se está acercando”. Sin embargo, “aún no hay suficiente capital humano en el área del desarrollo de software”. 

La tendencia en Estados Unidos, y otros países, para enseñar el conocimiento al ritmo que éste se genera es la educación informal. “También nosotros queremos cambiar la forma en la que la gente estudia. Solo así podremos realmente entrar a la revolución tecnológica”.

El modelo de enseñanza está basado en los bootcamps (campo de entrenamiento) estadounidenses. Se trata de una preparación intensiva. Lo que aprenderían en varios años de carrera de ingeniería, lo estudian en cinco meses en HolaCode. 

Rompiendo mentes

El proceso de admisión a HolaCode “no está enfocado en qué sabes hacer, sino en qué puedes hacer”, apunta Torres García. Lo que buscan en los postulantes son “mentes programadoras”.  

Es decir, explica, alguien que entienda procesos y cómo llevarlos de un punto a otro para generar un resultado. “Las computadoras son muy inteligentes e increíblemente estúpidas. Tienes que darle cada una de las instrucciones para que puedan funcionar”.

El programa de aprendizaje “es duro, te rompe la cabeza. Te rompe la manera en la que entiendes cómo se solucionan los problemas”. Para eso se necesita resiliencia y ganas de cambiar, “algo que tienen los migrantes”, los mexicanos y los refugiados en México. 

“Podemos enseñar a programar, pero no a querer cambiar tu vida. La mitad de lo que se necesita para este proyecto ya lo tienen ellos”. Muchos han superado obstáculos en Estados Unidos y, al volver a México, “sus opciones son limitadas. A menos que hagan algo muy radical. Por eso les gusta este programa, porque es retador.

Jessica, la ingeniera en programación 

“Me fue bien. Llegué”, cuenta Jessica González sobre su trayecto de la Ciudad de México a Phoenix, Arizona, cuando ella tenía apenas 13 años. Viajó sola y sin documentos. Del otro lado la esperaba su papá.

Él y su madre se habían separado hacía tiempo. Desde niña, Jessica repartía volantes en las calles o vendía aguas y refrescos en la Central de Abasto para ayudar a su mamá con el gasto. “Finalmente, mejor me fui a Estados Unidos”. 

Jessica González se fue sola a Estados Unidos a los trece años. Foto: B.J:

Allá ingresó rápidamente a la escuela. “Eso me emocionó mucho, aunque fue difícil al inicio porque yo no hablaba nada de inglés”. Allá siguió trabajando en empleos que le dejaban tiempo para estudiar. 

Pero cuando tenía 20 años todo se puso mal. Su mamá enfermó de cáncer, su papá fue deportado, ella quería ir a la universidad y no había becas para indocumentados. “Creí que era mejor volver. Aquí en México podría estudiar y trabajar”. 

No fue exactamente así. Se presentó el examen para la carrera de biología en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), pero no fue admitida. “Salí baja en español e historia de México”. 

Jessica González optó por trabajar “en lo que trabajamos todos quienes regresamos: en un call center”. Intentó estudiar en escuelas privadas, pero no le alcanzaba ni el tiempo ni el dinero. 

Ahora está en HolaCode. “Ésta es la oportunidad que esperaba. Nunca me imaginé que yo podría ser una ingeniera en programación, pero sé que puedo”. 

Créditos para estudiar 

Quienes son aceptados en HolaCode tienen un entrenamiento de ingeniería de software con varias especialidades. “Más una manutención económica semanal, porque el programa es de lunes a sábado 9 a 9, no podrían alcanzar el nivel de exigencia si no tienen asegurado un ingreso”.

Tienen mentores en México, Estados Unidos y Kenia. También les dan tres comidas al día y, para las madres, como Jessica González, hay cuidadores que se ocupan de sus hijos en un área específica dentro de las instalaciones de la empresa.. “Esto se convierte en un crédito que los chicos pagan únicamente si encuentran un trabajo en programación”.

El costo total aproximado, a principios de este año, era de 6 mil dólares. En comparación, el programa de tres meses de Hack Reactor en San Francisco y que sirvió de modelo para el proyecto de HolaCode,  tiene un costo de 20 mil dólares. 

La tasa de interés para el reembolso del pago es de 12 por ciento anual fija. Kiva, una empresa basada en San Francisco que se dedica a prestar dinero a emprendedores, y Kubo Financiero, que vincula a empresarios con proveedores de créditos, “ayudaron a crear este modelo con una tasa muy baja y que además no pide un un aval a los estudiantes”.

Empleos bien remunerados

Hace tres meses se graduó la primera generación de HolaCode. Entraron 30 alumnos –solo tres mujeres entre ellos— y terminaron 21. De los egresados apenas cuatro no han conseguido empleo. 

El salario promedio de quienes ya trabajan es de 35 mil pesos al mes. El más bajo es de 27 mil, y hay quienes están cobrando 50 mil, informa Marcela Torres. Agrega que han buscado empresas que contraten perfiles como el que ellos forman: ingenieros en desarrollo de software bilingües,que sepan el lenguaje de javascript.

Los migrantes tienen otra ventaja competitiva, les aseguran. “Más allá de ser bilingües, biculturales, resilientes y determinados, tienen una disciplina laboral distinta”. Están formados, dice, “en la productividad, más que en las horas. En México trabajamos mucho tiempo, pero no necesariamente somos productivos”.

De la generación que estudia actualmente están por graduarse 35. Jessica González es una de ellos. “Esta carrera también es para mujeres, anímense”, les dice a sus compañeras. Y a los empresarios: “aprovechen nuestro talento, no lo podemos comprobar con un título formal, pero traemos otra mentalidad”.