En ocasiones he ilustrado la importancia de tener un fondo para emergencias con el ejemplo de dos personas que pierden su trabajo.

Ambas ganaban lo mismo y tenían a sus hijos en las mismas escuelas.

Uno de ellos, sin embargo, parecía que vivía mucho mejor que el otro. Su casa era más grande y tenía un automóvil último modelo, de lujo.

El otro vivía de una manera menos ostentosa: aunque también tenía un carrito que le funcionaba bien y era cómodo, no era tan lujoso como el del primer sujeto. Su casa no era grande, pero estaba acondicionada para que su familia viviera de una forma cómoda.

El primero tenía varias deudas: saldos en tarjeta de crédito, el préstamo del coche, así como la hipoteca de la casa. Por lo mismo, no contemplaba en lo absoluto la idea de ahorrar alguna cantidad periódicamente, ni siquiera para cuando llegara el momento de su retiro.

El otro, en cambio, tenía un crédito hipotecario, pero nada más. No debía el coche; tampoco tenía deudas con tarjetas de crédito porque las usaba únicamente como medio de pago y no para endeudarse con ellas. El único saldo que tenía eran simplemente las compras planeadas de ese mes, las cuales podía pagar de manera completa sin ningún problema.

Además contaba con un fondo de emergencias equivalentes a tres meses de gastos y algunos otros ahorros para otras metas a corto o largo plazo, como por ejemplo su retiro.

Vemos a dos personas que ganaban exactamente lo mismo. Tenían quizá las mismas necesidades; sin embargo, su posición ante la pérdida de empleo era completamente diferente.

Aunque los dos recibieron su liquidación como marca la ley, la verdad es que al primero se le vino el mundo encima. Pronto le empezaron a llegar las cuentas de sus deudas adquiridas y se sentía muy nervioso al no poder conseguir empleo rápidamente. Aunque trataba de bajar sus gastos, en realidad los montos más fuertes se iban en el pago mensual de sus deudas, por lo cual no había mucha tela de dónde cortar.

Ni siquiera se acordaba de que su crédito hipotecario contaba con seguro de desempleo para estas situaciones, el cual le permitía suspender periódicamente los pagos de este financiamiento, ya que nunca se tomó el tiempo necesario para poder leer el contrato ni las condiciones del mismo.

El otro también pasó un trago amargo, pero estaba mucho más tranquilo. Su hipoteca tenía un seguro de desempleo por tres meses que tramitó sin problemas, así que tenía también ese colchón.

Su liquidación podría alcanzarle para varios meses sin trabajar y sin tener que disponer de sus ahorros. Por otro lado, si la situación de una etapa difícil continuaba latente y se tardaba demasiado en conseguir algún empleo, podría echar mano de su fondo para emergencias. Pero también tenía otras opciones en mente: quizá era el momento indicado de iniciar un negocio propio o incluso volverse freelance.

ANTICÍPESE A POSIBLES SITUACIONES DIFÍCILES

Esto ilustra la importancia de tener nuestras finanzas personales en completo orden y cómo podemos enfrentar, de una mucho mejor manera, las diferentes situaciones que se presentan en la vida y están fuera de nuestro control.

Desde luego hay muchísimos otros ejemplos. Varios tienen que ver con seguros, como las personas que tienen un accidente y pierden la capacidad de generar ingresos. Obtienen su pensión del IMSS, la cual representa apenas una fracción de lo que ganaban. Si hubieran tenido un seguro de vida, con la cobertura de invalidez podrían haberla pasado mucho mejor.

Lo mismo con personas que perdieron su casa durante el terremoto de 1985 en la ciudad de México o todo lo que tenían con los huracanes Isidore o Wilma en la Península de Yucatán.

También con aquéllos que desarrollan una enfermedad grave, cuyo tratamiento es muy costoso y no cuentan con los recursos para solventarlo.

En fin, tener finanzas personales en orden nos permite hacer mucho más; incluso en época de vacas flacas. Nos da una tranquilidad que, en esos momentos, no tiene precio.

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