A veces me da la impresión de que muchas personas están buscando la fórmula mágica para hacerse ricos de la noche a la mañana. El lugar donde se pueden convertir centavos en millones sin ningún riesgo. Es casi como buscar la eterna fuente de la juventud, debe haber algo allá afuera que nos convierta en millonarios.

Por eso es tan fácil para las personas sin escrúpulos engañarlos a través de esquemas piramidales como la flor de la abundancia u otros cada día sale alguno con nombre distinto. Simplemente se prometen grandes ganancias por el dinero que uno mete claro, a cambio de reclutar a otros 10 o 20 incautos que también quieran invertir ahí y que a su vez recluten a otros.

Hasta que ya no hay más gente que le entre, lo cual hace que todo el numerito truene porque al no haber dinero que entre, entonces tampoco hay dinero para repartir. No se produce nada con ese dinero, no hay en realidad nada que se cree, nada que lo haga crecer: las ganancias de uno salen de las aportaciones de los otros.

Desde luego: hay esquemas muy similares que tratan de ser más elaborados. Hace poco me enteré de uno que prometía grandes ganancias mediante la creación e inversión en criptomonedas . El folleto decía que ese es el futuro y daban como ejemplo casos reales de grandes ganancias, como ha sucedido con el bitcoin desde su creación. Hasta que uno da vuelta a la página y se da cuenta de que el esquema es piramidal, el mismo que vemos siempre: la verdadera intención es que la gente que le entre va a recibir grandes bonos y espectaculares ganancias promesas nada más - por reclutar a otros.

También existen los negocios legítimos o no que buscan atraer a personas para invertir. Tratan de convencer que uno está comprando un activo real, por ejemplo máquinas expendedoras, equipos de telefonía, que se ponen a trabajar. Incluso bienes raíces. Uno firma un contrato, el cual está validado por notario, en el cual se menciona simplemente que la empresa administrará todo (uno jamás ve esos activos). Puede ser que existan, puede ser que no, pero a cambio de la inversión se promete un pago fijo mensual rendimientos que pueden ser mucho más altos que en los mercados financieros, por ejemplo: 15 a 25% anual o incluso más. Se justifican diciendo que los márgenes de utilidad que generan esos negocios seguros son mucho mayores.

Pero si uno lo piensa, no suena lógico, sobre todo porque esas mismas empresas podrían obtener créditos a tasas de interés menores a lo que pagan a estos inversionistas. Les costaría menos. Aunque fueran gente seria, este tipo de inversiones son todo menos seguras, aunque prometan un rendimiento fijo (hasta que ya no lo puedan pagar).

hoy en día existe una obsesión de las personas por generar ingresos pasivos: sin tener que trabajar por ellos. Por eso invierten en esto: dan su dinero a alguien más, quien les promete grandes ganancias en un negocio seguro .

Otro fraude muy común es el que se intenta hacer a través de correo electrónico, incluso en ciertas redes sociales. Nos contactan porque hemos recibido una herencia de un pariente lejano que tenía nuestro apellido (y del cual nunca habíamos escuchado). O nos dicen que una persona rica quiere sacar su dinero de Somalia (o cualquier otro país en conflicto) y que está dispuesto a regalarnos un monto muy importante si le ayudamos, si le prestamos nuestra cuenta bancaria para que lo haga. Se toca la ambición de la gente y una vez que está enganchada se le pide una cantidad de dinero importante para trámites y comisiones que hay que pagar. Desde luego, una vez que los incautos transfieren el dinero, se corta toda comunicación: dejamos de saber ya más nada.

Siempre he pensado que la gente en su búsqueda de riqueza termina arriesgando su dinero de una forma completamente irracional y por eso hay que pensar con la cabeza, no con la ambición. Hay que tener mucho cuidado con lo que hacemos y las decisiones que tomamos.

Suscríbete a https://PlaneaTusFinanzas.com y obtén de manera gratuita el mini-curso Los Seis Pasos para Alcanzar tu Libertad Financiera .

Twitter: @planea_finanzas

jlanzagorta@eleconomista.com.mx