Estos últimos días he estado leyendo acerca del escándalo que hay en Israel con el tema de las opciones binarias, que casi no ha sido cubierto por la prensa internacional. De hecho, aunque los brókeres que se dedican a esto intenten convencernos de lo contrario, las opciones binarias ni siquiera son instrumentos financieros. Son apuestas.

¿Por qué lo digo? Una opción binaria está estructurada de manera tal que una de dos cosas puede suceder (por eso su nombre de binaria): podemos ganar, en cuyo caso recibimos una compensación fija, que es conocida antes de realizar la compra; o bien podemos perder. No hay otro resultado posible. Igual que una apuesta.

Una opción binaria usualmente se ofrece en un plazo fijo muy corto: muchas veces un minuto o hasta media hora. En ese sentido, si compramos una opción binaria sobre Cemex a 12 pesos y al vencimiento de ese plazo el precio de la acción de esa compañía se sitúa por encima de ese monto, entonces ganamos; de lo contrario, perdemos lo que hemos invertido.

¿Por qué no son instrumentos financieros? Porque en realidad no están reguladas. No hay un subyacente real (nadie compra las acciones de Cemex, por ejemplo). No hay tampoco una garantía de contraparte, como en un mercado de derivados regulado. Se pueden hacer sobre acciones pero también sobre paridades de monedas, es decir, sobre cotizaciones del mercado forex.

Estas empresas se anuncian como brókeres internacionales y ofrecen la promesa de que se puede ganar mucho dinero con opciones binarias. Pero también se puede perder la totalidad del capital y, como menciono, no hay un respaldo de nadie en realidad. Es más: en los países donde hay alguna regulación, suele ser de la autoridad que regula apuestas y juegos, pero no de autoridades financieras. Aunque esto empieza a cambiar.

Algunos brókeres ofrecen también plataformas o algoritmos de trading que supuestamente tienen más aciertos que fallas, con lo cual prácticamente prometen rentabilidades mínimas. Es decir, nos dicen que de cada 10 apuestas que hacen, ganan siete y pierden tres, por lo cual hay mucha probabilidad de hacer mucho dinero.

El problema, y parte de lo que ha sucedido en Israel, es que muchas veces estos algoritmos de alta frecuencia están trucados, lo cual equivale a apostar con los dados cargados. Esto es en realidad un fraude. De hecho, según algunas estadísticas publicadas, 96% de los inversionistas en realidad pierde dinero con este tipo de apuestas.

La gente en México me pregunta si recomiendo invertir en opciones binarias. Siempre les digo que eso no es invertir, sino apostar. Hay una enorme diferencia.

Al invertir hay riesgos, desde luego, pero se pueden conocer y de alguna manera controlar a través de la diversificación. Se invierte en activos reales, físicos: en acciones de empresas o en bonos (instrumentos de deuda), entre otras cosas. Además uno puede tener una buena idea del rendimiento potencial en el largo plazo.

En cambio, apostar es un juego en el que interviene el azar. Nos intentan convencer de lo contrario: hay análisis técnico, hay herramientas que nos ayudan y que nos permiten realmente hacerlo con conocimiento y con mejores posibilidades que las de quienes no saben. En realidad no es tan así, porque son apuestas que expiran muy rápido y con los algoritmos de alta frecuencia, cualquier situación puede cambiar en cualquier momento. Es como pensar que uno puede ganarle a la ruleta con estadística (viendo cuántas veces ha salido cada número para tratar de adivinar cuál es más probable que salga a continuación). Pero si lo pensamos bien, no se puede: cada giro de la ruleta es un lanzamiento independiente de la historia, cada número o color tienen la misma probabilidad de salir.

De cualquier manera, nunca recomiendo apostar el patrimonio. Si uno quiere intentarlo, mejor que sea por experimentar, con dinero que uno no vaya a extrañar si lo pierde, con dinero que sobra, no con nuestro fondo para emergencias ni con el ahorro para el retiro, como una apuesta. Aunque si uno va a apostar, quizá ésta no sea la manera más divertida de hacerlo.

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