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México ante un punto de inflexión: Baja California y el T‑MEC marcan la ruta hacia la competitividad

La revisión del T‑MEC en 2026 será estratégica. Baja California, con una consulta regional coordinada por Deloitte y la secretaría de Economía e innovación estatal, propone acciones inmediatas para blindar inversión, talento y cadenas de valor en la era del smartshoring.

Por: Mario García Carrasco, Socio director Región Occidente en Deloitte México

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El smartshoring —estrategia que selecciona y combina ubicaciones globales de manera inteligente para ejecutar operaciones y procesos de negocio— abre una ventana para optimizar recursos y capacidades de cada destino. México es clave en esta evolución debido a su papel en la integración de cadenas de suministro regionales.

Para consolidar este liderazgo, conviene leer con rigor los resultados de 2025 y anticipar los retos de 2026, con la revisión del T‑MEC al centro de la agenda. Al cierre del tercer trimestre, la IED acumuló 40,906 mdd y se proyecta 45,000 mdd; el PIB crecería 0.4%, la inflación rondaría 4.1% y la tasa de referencia podría descender a 7.25%.

Las exportaciones manufactureras avanzarían 7.49% anual (hasta 439,475 mdd), pese a ajustes en producción interna (‑0.5%) y en la industria automotriz (‑1.9%). En servicios, destacan telecomunicaciones (3.6%), financieros (2.5%) y profesionales (2.7%).

Los riesgos: disponibilidad de agua, incertidumbre regulatoria y fiscalización intensiva. Con este contexto, Baja California articuló en octubre de 2025 una Consulta Regional del T‑MEC, coordinada por Deloitte junto con la Secretaría de Economía e Innovación Estatal.

Un proceso multisectorial y técnico: foros sectoriales, entrevistas focalizadas, benchmarking internacional y la recepción de 12 cartas de opinión. Los hallazgos son claros: 80% confirma la alta integración con Norteamérica y 70% percibe impacto positivo del T‑MEC en la economía estatal, con oportunidades en inversión, empleo y acceso competitivo; los riesgos: incertidumbre comercial y aplaza‑ miento de proyectos si se endurecen reglas sin claridad.

Las propuestas por sector apuntan a la ejecución: en automotriz y manufactura, digitalización total aduanera y reglas de origen claras; en energía, certidumbre regulatoria y cooperación trilateral para renovables; en semiconductores, incentivos, infraestructura eléctrica y talento especializado; en dispositivos médicos, reconocimiento mutuo de registros sanitarios (COFEPRIS‑FDA‑Health Canada) para eliminar duplicidades y acelerar aprobaciones.

La hoja de ruta 2025‑2026 propone:

1) inspección conjunta y trazabilidad digital en cruces fronterizos;

2) programas de formación dual y movilidad de talento;

3) incentivos a clusters estratégicos;

4) certidumbre energética con proyectos de infraestructura;

5) un Consejo Estatal del T‑MEC para coordinar mensajes y escenarios. 

La revisión del T‑MEC en 2026 será más que un trámite: será una prueba de visión estratégica. México y Baja California tienen los elementos para liderar la integración norteamericana, pero la pregunta persiste: ¿podremos convertir diagnósticos en resultados antes de que la ventana se cierre?

La competitividad no se definirá en discursos, si‑ no en la capacidad de ejecutar digitalización, homologación regulatoria y formación de talento en tiempo récord. En un mundo donde la geopolítica dicta la economía, la región que actúe primero será la que marque las reglas. ¿Estamos listos para influir, o solo para adaptarnos?

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