En el papel, el Aeropuerto Internacional de Santa Lucía (AISL) brindará una “experiencia memorable” al viajero, nacional e internacional. El edificio terminal, por ejemplo, tendrá una zona de relajamiento en donde se podrán colocar salas de yoga y meditación, centros de masaje y áreas de descanso con vista, a través de extensos ventanales, a las zonas de jardines que serán regados con agua tratada.

Para dejar atrás las tensiones del viaje, mientras los usuarios esperan sus maletas podrán escuchar suavemente música mexicana y clásica, generando un efecto calmante y de preparación para salir a conocer el destino. Las fachadas de cristal y los tragaluces permitirán una vista del cielo desde cualquier punto del edificio.

Se prevé que en los espacios de restaurantes y compras se alentará a los clientes para reducir el uso de plástico de un solo uso, por lo que se planea entregar bolsas de tela y contenedores compostables en los productos para llevar. Y en los locales de comida se usarán hierbas provenientes de granjas ubicadas dentro del polígono.

Lo anterior forma parte de la propuesta que hizo el arquitecto mexicano Francisco González Pulido, elegido para diseñar el aeropuerto (que deberá ser una infraestructura austera, funcional, inteligente y ecológica, entre otros atributos, para atender a unos 25 millones de pasajeros en su primera etapa).

Él, que gusta de repetir lo afortunado que se siente de ser mexicano, aunque su despacho está en Chicago, deberá hacer realidad la promesa de la experiencia memorable de viaje a los usuarios, además de cumplir su sueño de desarrollar un aeropuerto en México (en el 2014 entregó una propuesta para la terminal que se haría en Texcoco, donde la dupla arquitectónica Foster-Romero se impuso).

En el 2006, González Pulido colaboró en el diseño del aeropuerto Suvarnabhumi, en Bangkok, Tailandia, y en marzo pasado, el presidente Andrés Manuel López Obrador, junto con el empresario Alfredo Harp inauguraron en la Ciudad de México el nuevo estadio de beisbol de los Diablos Rojos, producto de su creatividad.

Una contratación directa

En el portal habilitado para informar de la obra, la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) ha comenzado a difundir algunos aspectos de terminal y quiénes son las empresas que los asesoran, que en el caso arquitectónico es la firma FGP Atelier (como lo adelantó hace un par de meses la organización Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad, que destacó que la dependencia le hizo un invitación directa).

En el sistema de CompraNet no se han difundido detalles del monto de ese contrato ni su vigencia.

El dueño del despacho arquitectónico (quien dice defender la honestidad de los materiales elegidos y evita las grandes decoraciones que generan costos adicionales), está consciente de que el plazo para el diseño y la construcción del aeropuerto es corto (poco más de 30 meses) y el presupuesto limitado (cerca de 92,0000 millones de pesos) son factores que podrían verse como limitaciones negativas, pero tomó la opción de convertirlas en una oportunidad.

“Vamos a refinar nuestro interés en los temas de construcción por módulos y el uso honesto de materiales no adornados a gran escala para crear una obra de arquitectura excepcional”, informa ya el arquitecto en el sitio web de su despacho sobre el AISL.

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