Para Katya, una estudiante rusa de 20 años, el Mundial ha resultado muy atractivo porque ha podido conocer a turistas de varias partes del mundo. Uno de ellos es un joven ingeniero mexicano llamado Axel.

La pareja se conoció en un concurrido bar de Moscú a mitad de la Copa del Mundo, cuando el equipo nacional de Axel, México, todavía tenía una oportunidad de seguir avanzando. “Lo primero que noté fue que él se veía diferente”, dice Katya.

Axel, de 25 años, nunca había estado en Rusia. “Tenía miedo de que mi piel oscura me metiera en problemas”, dijo dirigiendo su mirada hacia su nueva novia. “Pero ha sido genial. No siento que esté en Rusia”.

“Los extranjeros son amables”, dice Katya. “No como nuestros hombres”.

De manera juguetona, Axel empuja a la estudiante de Economía de sus costillas. “Es cierto”, dice Katya, girando suavemente su cabello rubio con un dedo. “Los hombres rusos no tratan bien a las chicas rusas. Cuando se acercan a mí, les insinúo un ¡adiós!”.

Los dos se comunican con un inglés poco fluido, aunque Axel lo habla mejor. Después de conocerse, Katya quiere aprender español. Los tortolitos planean un viaje al extranjero después de que Axel regrese a casa en una semana.

La pareja es una más de las que se han formado durante el evento deportivo más grande del mundo. A Rusia han llegado aproximadamente 3 millones de visitantes internacionales.

Desde que inició el Mundial, las operadoras de empresas de telefonía celular rusas han detectado un incremento de 11 veces en el uso de la aplicación de citas Tinder, y algunas embajadas, especialmente la de Túnez, están recibiendo una importante cantidad de solicitudes de matrimonio, lo mismo de sus propios ciudadanos como de mujeres rusas.

Grupos de fanáticos del futbol étnicamente diversos han traído a las calles de Moscú nuevos idiomas, música y bailes, provocando de manera espontánea fiestas al aire libre que no se veían en la capital de Rusia, inyectando al aire caliente una buena dosis de euforia. Los rusos no están acostumbrados a ver a tantos extranjeros de tantos lugares, especialmente en su propio país.

Rusia abraza al mundo

Pero más allá de una frenética mezcla de hormonas y alcohol, hay una intensa curiosidad en el mundo exterior por lo que ocurre en la política rusa.

Los últimos cuatro años han sido característicos de un aislamiento político ya que los lazos entre Rusia y Occidente se hundieron en los niveles más bajos desde la Guerra Fría, debido a los casos de Ucrania y Siria.

No es extraño escuchar entre rusos hacer una comparación entre la Copa Mundial de Rusia con el Festival de la Juventud de Moscú de 1957, cuando la Unión Soviética recibió, por primera vez, a una enorme cantidad de extranjeros. La fiesta, parte del deshielo de Nikita Khrushchev después de años de represión estalinista, fue un punto de inflexión en la historia soviética.

“Entonces, como ahora, era necesario abrir el país al mundo”, comenta la legisladora Svetlana Zhurova, quien es la vicepresidenta del comité parlamentario sobre asuntos internacionales.

Los relatos del festival de 1957 guardan un sorprendente parecido con la Copa del Mundo, por ejemplo, la instalación de farolas en áreas peatonales para iluminar mejor las caras de los juerguistas. Después de que terminó el festival musical, en las calles se veían niños birraciales a los que se les llamó los “niños del festival”.

“Tal vez veremos ese tipo de sorpresas después de este campeonato”, dijo Zhurova, sonriendo. “Las relaciones románticas, las amistades, todo esto es positivo. (Los extranjeros) están aquí por muy poco tiempo, pero el impacto es enorme”.

Veremos si Axel y Katya tienen un “niño del Mundial”.