La pandemia del coronavirus ha impactado nuestra forma de vida a lo largo y ancho del planeta. Lo que inició como un problema sanitario, hoy ha transitado a otras esferas donde las pérdidas ya no sólo se entienden por la cantidad de muertes y contagios.

En el ámbito educativo, cerca de 1,500 millones de alumnos en 188 países dejaron de asistir a la escuela y se estima que al menos 1.2 millones de jóvenes en edad escolar obligatoria podrían abandonar el sistema educativo, así lo comentó Rodolfo Cruz Vadillo, investigador del Sistema Nacional de Investigadores.

En entrevista con El Economista mencionó que “en México, de los 33.6 millones de personas entre los 3 y 29 años inscritas en el ciclo escolar 2029- 2020, 740,000 no lo concluyeron y no se inscribieron 5.2 millones al siguiente ciclo.

“Posiblemente nadie ha escapado a los efectos de esta crisis, pues su impacto ha puesto en jaque a las economías de los países más fuertes y cuestionado seriamente las políticas implementadas por cada uno, lo cierto es que hay sectores de la población que se han visto mayormente perjudicados”, explicó.

Rodolfo Cruz consideró que la pandemia no distingue clases sociales parece ensañarse más donde la precariedad ha habitado históricamente. “La pérdida en el ámbito educativo se ha mostrado más intensa en espacios con condiciones de vulnerabilidad profundas.

“Se podría decir que esta nueva crisis yace al interior de otras crisis preexistentes. La pobreza, la desigualdad, la injusticia, la violencia estructural, la discriminación, que representan las crisis no superadas, sirviendo como caldo de cultivo para la recién llegada”.

Inclusión

El investigador quien también es profesor en UPAEP dijo que en lo que respecta a temas de perspectiva de género, “las mujeres no han salido menos libradas de un impacto negativo. Las cuarentenas y el hacinamiento, articuladas con condiciones de pobreza, han facilitado el aumento de la violencia y la desigualdad”.

Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), antes de la pandemia, las mujeres ya realizaban tres veces más trabajo no remunerado en comparación con los hombres. “Con el cierre de los centros educativos, las niñas han asumido responsabilidades al interior de sus hogares, lo cual agrava la desigualdad ya de por sí anterior a la crisis sanitaria. Se espera que aproximadamente entre 71 y 100 millones de personas en el mundo, caigan en situación de pobreza extrema como efecto de la crisis. Y ni qué decir de las personas con discapacidad, quienes hoy por hoy gozan de una situación más precaria que antes de la pandemia”.

En el caso mexicano, la propuesta educativa del gobierno contempló, dentro de una gama de posibilidades para dar continuidad a las actividades escolares, el apoyo en tecnologías, el uso de la televisión y la radio y el trabajo con libros de textos para las comunidades más apartadas y que posiblemente no cuentan ni con energía eléctrica.

“Si bien se debe reconocer que se han diversificado las opciones, hasta el día de hoy no hay una propuesta pedagógica que permita responder con una perspectiva de equidad y justicia educativa a los que menos tienen. Los proyectos que se han presentado parecen haberse constituido a la par con la situación socio- económica de las familias.

“El problema es que los “mejores” recursos están en manos de los que más tienen y las opciones educativas más pobres, acompañan a aquellos cuya situación es bastante adversa para que existan condiciones de educabilidad”, concluyó el investigador.

patricia.ortega@eleconomista.mx