Sao Paulo.- Brasil está próximo a definir el futuro inmediato de su industria de telecomunicaciones y el acceso universal pleno de todos sus ciudadanos a la banda ancha. El gigante suramericano apura la aprobación y ejecución definitiva de un polémico proyecto que garantizará a los operadores de la telefonía fija la conservación de sus activos, con la actualización de una vieja legislación de hace 27 años que los asusta con la reversión de antenas, cables, radiobases y otros elementos de infraestructura telecom.

 

A cambio, las compañías -cinco gigantes de las que dos son multinacionales- se sujetarán a la promesa de llevar cobertura de Internet de alta velocidad a las zonas del país que todavía faltan por conectarse y modernizar aquellas redes en las plazas más rentables que con el paso del tiempo han ido quedando cerca de la obsolescencia.

 

A oídos ajenos el plan parece un trato provechoso para todas las partes involucradas y especialmente para los usuarios de lejanas regiones como el Amazonas y las cercanas a Bolivia que no conocen de Internet o la telefonía, aun cuando los 210 millones de habitantes de Brasil tienen 242 millones de líneas móviles en activo. Pero en tierra paulista esa idea no suena tan como parece escucharse; su contenido hace ruido en vez de un eco que logre una atención de consenso.

 

Existen opiniones que cuestionan el contenido del llamado Proyecto de Ley de Cámara 79/2016 o “PLC 79”, con el argumento de que su aprobación perdonará a los operadores una serie de reversiones valuadas en cerca de 20,000 millones de reales -6,350 millones de dólares al tipo de cambio de hoy-, en momentos en que Brasil vive la crisis política y económica más profunda de los últimos 25 años.

 

Pero el ministro de Telecomunicaciones de Brasil, André Borges, difiere de esas posiciones. Para él, la modernización de la actual ley permitirá a los concesionarios de la telecomunicaciones fijas migrar sus títulos de concesión a otras figuras jurídicas que garantizarán su operación en los siguientes años, al menos hasta el 2025, con el consiguiente despliegue asegurado de inversiones de una industria que emplea a más de 500,000 brasileños -casi el doble que todo ese mismo sector emplea en México- y para ello cita implícitamente casos de la misma región de América Latina, que, por un lado, adecuaron a tiempo su reglamentación, asegurando certezas a los operadores; y por el otro, donde una legislación anticuada tiene enfrentados a las empresas con el Estado en los tribunales.

 

André Borges compareció ante una nutrida audiencia en Futurecom 2017, uno de los foros de telecomunicaciones y nuevas tecnologías más importantes de este hemisferio, a la que platicó del plan PLC 79; sus avances, sus retos y lo que en definitiva hará por los desconectados; pero sobre todo, en cómo es que ese proyecto puede convertirse en una herramienta que también impulse a la estrategia de Internet de las cosas anunciada ayer aquí mismo por el ministro de Comunicaciones y de la banca de desarrollo, el BNDES, haciendo ya de Brasil el primer país de Latinoamérica en delinear un objetivo de negocio para el IoT que lo ayude a generar más cobertura y nuevos negocios basados en la tecnología.

 

“Es la apuesta de Brasil”, dice. “La política de telecomunicaciones de este gobierno está en línea con el PLC 79; tiene como objetivo actualizar todas las políticas públicas en el área de  telecom, bajo el contexto de la realidad que vive el mercado en los días actuales y les pedimos su apoyo y confianza”, declara el secretario de Telecomunicaciones, dependiente del Ministerio de Ciencia, Tecnología, Innovación y Comunicaciones de Brasil. “Queremos que todos miren a la región y que tengan perspectivas”, insiste el funcionario que desde que llegó a su cargo en 2016 quiere quitar a la telefonía fija del centro de la política pública para darle ese lugar a la banda ancha, porque a su parecer ese servicio “ya es el que atiende todas las necesidades desde el principio”.

 

Y para lograr esa meta, Borges y sus jefes en el Ministerio de Comunicaciones deben conformar un ambiente propicio para hacer de la banda ancha el eje de crecimiento económico y ampliación de la conectividad; primero, ajustando la legislación de los años de 1990 a 1995, a los del 2017 y con miras a lo que pueda venir más adelante.

 

“La norma (actual) tiene poco provecho”, platica a unos 200 actores de la industria telecom que lo escuchan y cobijan en Futurecom 2017. “Queremos el fin de ese tipo de concesiones. Es lo que no has provocado la falta de perspectiva y por eso queremos la renovación de éstas (con otra figura legal). No tiene sentido, si los bienes reversibles son esencialmente de un nivel alto de obsolescencia. Hay que entender el contexto, mirar otros ejemplos”.

 

Esos otros ejemplos en América Latina son Colombia y México. Brasil no quiere caer en la tentación colombiana, que en otro contexto, ejecutó, con mandato de un tribunal, una reversión de activos físicos e intangibles con motivo de una política sectorial de los años 90s y que ahora tiene al Grupo Telefónica y a América Móvil con recursos legales en contra de esa determinación, y con el riesgo también de que la licitación de espectro de la banda de los 700 MHz en ese país pierda cierto encanto entre los operadores, pues Claro de AMX y Movistar de Telefónica están obligadas a pagar una indemnización valorada en más de 1,500 millones de dólares por la reversión.

 

México, en cambio, ha venido modernizando su marco legal y regulatorio desde el año 2013 con la reforma al sector de telecomunicaciones; ese hecho hizo que el operador AT&T comprometiera cerca de 5,000 millones de dólares en inversiones en el país.

 

“No tiene sentido actuar con esa regulación”, expone André Borges en Futurecom. “No tiene sentido, si la prioridad es llevar infraestructura, redes y conectividad a todos esos lugares donde hay población. Adecuar la legislación y adaptar las licencias es fundamental para construir una economía digital y traer oportunidades”.

 

Los que divergen de la postura del Estado tienen motivos; no quieren que se repita el desastre del operador Oi, por estos días muy cerca de la bancarrota, que prometió llenar de Internet  las escuelas públicas, pero incumplió.

 

La ejecución del plan PLC 79 permitirá la reanudación de las inversiones telecom en un país, que según los expertos que miran el sector lleva más de diez años con rezagos en modernización de infraestructuras para todos los servicios.

 

Las empresas apremian con la renovación del marco regulatorio. Todavía ayer en otra conferencia de Futurecom un ejecutivo de la operadora TIM afirmaba que los ajustes no sólo enviarán mensajes de certeza al sector sobre el negocio fijo, sino al móvil también, particularmente sobre lo referente a las licencias de espectro que entonces asegurarán las inversiones en nuevas tecnologías móviles como el 5G y las que vengan, pues apenas 180 millones de brasileños se comunican con los estándares de 3G y 4G.

 

El PLC 79 ha andado un camino muy atrabancado. En la Navidad del 2016 estuvo a punto de convertirse en el regalo para los usuarios y empresas, pero el documento, ya con el visto bueno de ambas cámaras que componen el Congreso brasileño, fue detenido cuando estaba por ser enviado al presidente Michel Temer para su ratificación; entonces hubiera significado el fin de la Ley General de Telecomunicaciones de 1990 (LGT).

 

Otra vez, el argumento de un beneficio para los gigantes Hola, Vivo, Argal, Sercomtel y Claro tumbó el avance del plan.

 

El ambiente político de finales de año y el contexto económico habían agudizado los tropiezos del PLC 79: el dato de que la economía de Brasil había caído 5.4% en el primer trimestre de ese año y 3.6% en todo el 2016 provocó una Navidad de desencanto para los brasileños.

 

Pero a fines del 2017 otro es el contexto para Brasil. De acuerdo con el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística, el IBGE, el PIB del país se recupera, con crecimientos de 1.0% para el primer trimestre y del 0.2% para el segundo, luego de ocho trimestres consecutivos de tormentosas caídas y ello es lo que aprovecha André Borges para echar para adelante el plan del PLC 79:

 

“Se requiere inversión. Brasil es muy heterogéneo en todo; pareciera que son muchos países dentro de uno; donde existe lo máximo en modernidad y también lo peor de la infraestructura. Es momento de llevar lo mejor del mundo a todo el país; conectar a todas las municipalidades y para eso se debe tomar en cuenta toda la inversión pública y privada, fomentar a la industria; hacernos atractivos. Debemos aprender de otros casos de adaptar las leyes, las licencias, no a conveniencia, sí a la realidad. No es necesario hacer futurología, sólo es necesario hacer una revisión y la reglamentación que corresponda, basada en los beneficios a los ciudadanos y para eso también hay que ver otros casos ya ocurridos afuera”.

 

erp