México tiene 7.7% de empleados contratados bajo un esquema de subcontratación, si se considera que en el mundo hay 57.7 millones en esta condición que permite impulsar el empleo formal y da competitividad a las empresas; por lo que la recomendación, más que reformar o prohibir el outsourcing, es una mayor fiscalización y caminar hacia un pacto por el trabajo decente.

Coincidieron en el panel “El impacto de la subcontratación en la economía” el presidente de Coparmex, José Medina Mora, y el presidente de la confederación Mundial del Empleo en América Latina (WEC), Miguel Pérez García, quienes advirtieron en caso de que se apruebe una reforma en la que se prohíba la subcontratación dejará sin empleo a cerca de 5 millones de trabajadores.

“En nuestro país hay 4.5 millones de trabajadores que tienen empleo gracias a la subcontratación, esta flexibilidad que da a las empresa de poder utilizar el esquema de subcontratación nos permite lograr esta competitividad como país. Vemos que es una figura muy utilizada por empresas internacionales presentes en nuestro país, varios sectores, por ejemplo el sector de las tecnologías de la información, es fundamental esta estructura del empleo que nos ayuda en la flexibilidad de las empresa, pero también en la flexibilidad de los trabajadores”, dijo Medina Mora.

Asimismo, Pérez Garcís sostuvo que América Latina hay 10 millones de trabajadores subcontratados —ya sea tercerizados, bajo staffing o intermediación— “hay que clarificar que  esta figura ya ha adquirido una connotación y reconocimiento internacional y la mayoría de los paises en ese momento en el mundo tiene regulaciones oficiales sobre la subcontratación, es decir, que ya no es tema tabú como lo era en el siglo pasado, sino que es un tema normal, la línea que ha seguido prácticamente la generalidad de los países en la vía de la regulación de la formalización de la figura y del control y vigilancia para que se haga adecuadamente en respeto de los derechos de los trabajadores”, destacó.

En ese sentido, propuso que México retome parte de las experiencias que han tenido los países en América Latina, “hay que enfocarlo en un punto positivo como respuesta a unas necesidades de los mercados, de tener un recursos humano flexible, formalizado con una respuesta efectiva a las necesidades de economía del país. Diría que hay que ir por la línea de una mejor fiscalización, de una línea de pacto por el trabajo decente para enriquecer la figura y perfeccionarla”.