Joe Biden, virtual ganador de las elecciones presidenciales estadounidenses, quiere el ingreso de Estados Unidos al Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (TIPAT)

Inicialmente, el presidente George W. Bush informó al Congreso el 22 de septiembre de 2005 la intención de su país de adherirse a ese bloque (entonces llamado Acuerdo de Asociación Transpacífico, TPP, por su sigla en inglés), que fue firmado el 4 de febrero de 2016, luego de ocho años de negociación con el apoyo del presidente Barack Obama.

“(Biden) ha expresado interés en volver a unirse, condicionado por la voluntad de modificarlo para abordar las preocupaciones de EU. Esto puede depender de cuánto capital político tendría que gastar Biden para obtener la aprobación en el Congreso”, opinó Robert A. Manning, especialista en la región asiática de Atlantic Council, en un análisis difundido este domingo.

Según Manning, con el CPTPP que se expandirá bajo el liderazgo de Japón, y el Tratado de Asociación Económica Integral Regional (RCEP) avanzando hacia convertirse en una realidad (ambos sin los Estados Unidos), la pregunta obvia es si Biden volverá a unirse al TPP.

Para Scott Lincicome, analista de Cato Institute, hay una urgente necesidad de contrarrestar la influencia de China en la región Asia-Pacífico y una relativa facilidad de reincorporarse al CPTPP, lo que ha llevado a muchos a pronosticar que un presidente Biden “arreglaría” los “problemas” del CPTPP y luego trabajaría para volver a unirse lo antes posible.

Nueva política

La nueva política en la región se daría luego que la Administración del presidente Donandl Trump se retiró de varios acuerdos internacionales, incluido el TPP, el acuerdo climático multilateral de París, el acuerdo nuclear de Irán y de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

En contraste, Biden probablemente buscaría detener la espiral descendente de las relaciones entre EU y China, con la esperanza de crear un marco para la coexistencia competitiva.

Dos importantes asesores de Biden, Kurt Campbell y Jake Sullivan, escribieron en Foreign Affairs que “el objetivo debería ser establecer términos favorables de coexistencia con Beijing en cuatro dominios competitivos clave: militar, económico, político y de gobernanza global”.

El 30 de diciembre de 2018, el TIPAT entró en vigor entre los primeros seis países que ratificaron el acuerdo, Canadá, Australia, Japón, México, Nueva Zelanda y Singapur. El 14 de enero de 2019, comenzó la vigencia para Vietnam.

El CPTPP prevé una liberalización casi completa de las tarifas entre los participantes. Los aranceles se mantienen solo en algunas áreas muy sensibles; por ejemplo, Japón mantiene aranceles sobre el arroz, mientras que la industria láctea de Canadá también está protegida.

Asimismo, proporciona un conjunto único de normas de origen y permite “acumular” el contenido de todos los países del CPTPP. Si un bien debe tener al menos 70% de “contenido de CPTPP” para calificar para aranceles preferenciales, ese 70% puede provenir de cualquier combinación de países del bloque.

Postura sobre comercio internacional

1. Biden propone aplicar las leyes comerciales existentes y a la vez escribir “las normas de tráfico para el comercio internacional” de tal manera que protejan a trabajadores, el medio ambiente y los estándares laborales.

2. En el primer debate demócrata de 2020, Biden dijo que su gobierno no firmaría tratados de comercio “sin ambientalistas en la mesa”.

3. También ha dicho que si Washington no se hace cargo de la política global de comercio exterior, Beijing lo hará. Biden dice que obtendrá apoyo de aliados de Estados Unidos para cuestionar a China sobre sus prácticas injustas de comercio.

4. Algunos de sus contendientes recelosos de los tratados de comercio exterior atacan a Biden por su historial con el libre comercio, que incluye votar a favor del TLCAN cuando era senador de Delaware y apoyar el TPP como miembro del gobierno de Obama. Cuando le preguntaron el año pasado si era un partidario del libre comercio, Biden respondió que era un “partidario del comercio justo”.

roberto.morales@eleconomista.mx