Mientras que el robo de hidrocarburos a través de los ductos de transporte ha disminuido en 95% en un año, los huachicoleros se han diversificado al encontrar una nueva forma de comercializar combustible ilícito: a través de su importación con un etiquetado falso, y más barato, en las fronteras, y su comercialización en al menos tres mercados negros en crecimiento: de las gasolinas y diésel, del gas licuado de petróleo (LP) y del etanol, cuya mezcla a 10% con las gasolinas está permitida en todo el territorio, exceptuando las tres zonas metropolitanas más grandes del país.

A decir de la Organización Nacional de Expendedores de Petróleo (Onexpo), la operación se realiza en las aduanas, donde los vendedores reportan sus productos con una fracción arancelaria más barata que la correspondiente —como si fueran productos con menor tratamiento y purificación, en el caso de las gasolinas, como naftas—, para luego venderlas en las calles, en comercios irregulares o, en pocos casos, en expendios que aceptan participar en este ilícito.

Así, se vende gasolina y diésel en volúmenes que ya comienzan a constituir un daño para los gasolineros formales del país. Pero además, en un volumen mayor y más líquido por su alta penetración en los hogares, también se importa gas LP, y, luego de la autorización para mezclar a 10% etanol de la caña o sorgo con combustibles automotrices en todo el país, excepto Guadalajara, Monterrey y la Ciudad de México, se importa también etanol anhidro.

En el caso del etanol la situación resulta más grave, ya que, además de las compras al exterior y su entrada al país por las fronteras a menores costos, productores agrícolas han encontrado la manera de producirlo de manera clandestina.

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