China y Estados Unidos han intercambiado sus listas de peticiones sobre asuntos bilaterales en materia comercial y de otros campos económicos, lo que ha evidenciado que están lejos de un acuerdo al respecto, declaró Wilbur Ross, secretario de Comercio estadounidense.

“La buena noticia es que hay un diálogo de muy alto nivel y muy significativo; la mala noticia es que estamos bastante separados en este momento”, dijo el funcionario, durante un evento organizado por el Consejo de las Américas en el Departamento de Estado.

Desde la perspectiva del gobierno del presidente Donald Trump, la adhesión de China a los principios de la Organización Mundial de Comercio (OMC) sigue siendo mixta, lo que da lugar a continuas tensiones con Estados Unidos por el incumplimiento por parte de ese país asiático a sus compromisos.

Estados Unidos sigue criticando a China por su continuo fracaso en notificar sus subvenciones a la OMC. Al mismo tiempo, China ha iniciado un caso contra sus socios comerciales por seguirla tratando como una economía no de mercado.

“Los chinos, como saben, se han quejado públicamente de que no estaban seguros de lo que realmente queríamos. Realmente no pensamos que había mucha confusión; pero, en cualquier caso, les enviamos un documento de varias páginas que mostraba con bastante detalle qué era lo que queríamos”, comentó Ross.

Entre las principales preocupaciones del gobierno de Trump sobre China está el presunto espionaje cibernético generalizado contra las empresas estadounidenses; registro relativamente ineficaz de hacer cumplir los derechos de propiedad intelectual; políticas de innovación discriminatorias; uso extenso de políticas industriales (tales como subsidios y barreras comerciales y de inversión), y políticas intervencionistas para influir en el valor de su moneda.

“Respondieron un poco más tarde con su propia lista de cosas y, como se pueden imaginar, fue bastante diferente a la nuestra. De modo que queda una brecha considerable a pesar de que pasamos un total de aproximadamente 30 horas en discusiones de alto nivel con ellos”, añadió Ross.

China ha rechazado que sus políticas obliguen a las empresas extranjeras a transferir tecnología a los competidores chinos y ha manifestado que, aunque no la quiere, está preparado para una guerra comercial, por lo que los aranceles de represalia que ha esgrimido sobre las mercancías de Estados Unidos, entre ellos la soya y los aviones, entrarán en vigencia si Estados Unidos impone, a su vez, derechos a las importaciones originarias de China.

rmorales@eleconomista.com.mx