La reforma fiscal implementada por Estados Unidos podría aumentar la deuda, como proporción del Producto Interno Bruto (PIB), más de lo estimado por el gobierno en el presupuesto a 10 años que dieron a conocer hace algunos días.

De acuerdo con un análisis de The Tax Policy Center, si bien la Oficina de Presupuesto del Congreso de Estados Unidos (CBO, por su sigla en inglés) proyectó en su documento una deuda de 96.2% del PIB para el 2028, ésta podría llegar a representar hasta 106.5 por ciento.

“La CBO proyecta una relación deuda-PIB de 96.2% para el 2028. Pero, si el Congreso continúa con la política actual ampliando los recortes tributarios y aumentado el gasto, proyectamos que la relación aumente a 106.5% del PIB en una década, la proporción más alta en la historia de Estados Unidos”, indicó el estudio.

Cabe destacar que en el documento que elaboró la CBO, prevé en uno de sus escenarios que los legisladores quieran extender los cambio fiscales de la nueva ley de impuestos, lo cual llevaría a la deuda, en una década, a 105% del PIB.

La reforma fiscal, impulsada por el presidente Donald Trump, trajo consigo cambios importantes en el código tributario estadounidense, en donde destaca el recorte al Impuesto sobre la Renta (ISR) corporativo de 35 a 21%, así como la disminución del último tramo impositivo del ISR individual de 39.6 a 37%, entre otras modificaciones, las cuales le costarán al gobierno 1.5 billones de dólares, según sus estimaciones.

Por su parte, para el análisis de The Tax Policy Center, éste construyó un escenario a 10 años —lo que prevé la reforma fiscal— en donde supone que las principales disposiciones temporales de reducción de impuestos se hacen permanentes, como la reducción en los tramos impositivos en el ISR individual, así como el gasto de inversión comercial en equipo, que expiran después del 2025.

Para este año, de acuerdo con las perspectivas de la Oficina de Presupuesto, se espera que la deuda de Estados Unidos alcance 78% del PIB. El año pasado, la deuda representó 76.5 por ciento.

CONFUSIÓN E INCERTIDUMBRE PARA LOS ESTADOS

Por otro lado, The Tax Policy Center recordó que si bien la reforma fiscal fue aprobada en diciembre del año pasado, en algunos estados los cambios de esta nueva ley se convertirán en leyes estatales hasta que los estados aprueben la nueva legislación.

Cabe destacar que en Estados Unidos, cada estado tiene su propio esquema tributario, es decir, no todos los estados se ajustan completamente a todas las disposiciones del Código de Rentas Internas, ya que cada uno ofrece su propio conjunto de modificaciones, adiciones y sustracciones al código.

“Cuando el Congreso aprobó la reforma fiscal en diciembre, obligó a los estados a enfrentar sus propios problemas de política tributaria, y a hacerlo en unos pocos meses. El resultado, algo predecible, ha sido una mezcla de confusión, incertidumbre y elecciones cuestionables”, indicó.

Los cambios tributarios se aplican para el ejercicio fiscal 2018, que acaba en septiembre próximo, por lo cual los estados —en específico sus legislaturas— tienen sólo algunos meses para tomar grandes decisiones en materia de impuestos.

“Los estados se enfrentan a decisiones difíciles con poco tiempo para hacerlas. Algunos pueden volver a intentarlo en sesiones especiales más adelante este año. Otros pueden dejar vigentes las leyes hasta que las asambleas legislativas vuelvan a reunirse en el 2019, punto en el cual sus electores podrán probar si las decisiones tributarias que hicieron sus estados fueron las correctas cuando presenten sus declaraciones anuales del 2018 el siguiente año”, acotó.

ana.martinez@eleconomista.mx