La caída de la actividad económica nacional el año pasado, la primera en la última década, derivó principalmente de la debilidad que mostraron las seis economías estatales más grandes del país.

Éstas son Ciudad de México, Estado de México, Nuevo León (la excepción), Jalisco, Veracruz y Guanajuato, que en conjunto aportan 49% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional, es decir, la mitad de la riqueza de la República Mexicana proviene de sólo seis entidades.

Según datos del Inegi, el PIB de México disminuyó 0.1% anual en el 2019, la primera variación negativa desde el 2009, año de la crisis económica y financiera, cuando se contrajo 5.3 por ciento.

¿Cómo se explica este comportamiento con enfoque local? Al mostrar detrimento las economías estatales más grandes del país, la actividad económica nacional tiende a desestabilizarse.

La Ciudad de México es la economía más grande, con 16.4% de aportación al PIB total. En el acumulado al tercer trimestre del año pasado, su Indicador Trimestral de la Actividad Económica Estatal (ITAEE) registró un descenso de 0.6% a tasa anual desestacionalizada, el primero en los últimos 10 años.

Los resultados del ITAEE se encuentran homologados con los resultados del PIB total y del PIB estatal, por lo que, a pesar de estar desfasado un trimestre respecto al nacional, muestra una tendencia definida.

Cabe señalar que en las seis entidades crecieron los sectores de servicios y agropecuario, mientras que la minería (petrolera sólo para Veracruz) se contrajo en todas.

Así, en el caso de la capital del país, el decrecimiento económico provino de la construcción (-7.4% anual al tercer trimestre), presentando un efecto multiplicador en otras ramas. Es decir, la suspensión de obras en la primera mitad del 2019, por irregularidades en el Reglamento de Construcciones, y la falta de recursos federales por el recorte a inversión pública mermaron el mercado laboral y por ende en la demanda, situación que se reflejó en el comercio (-2.7%), importante indicador del consumo privado y epicentro económico de la entidad.

Se suma la caída de 6.7% en manufactura, aunque la capital apenas comienza su proceso de reindustrialización, con Vallejo como su pilar. Si bien se reconoce el dinamismo agropecuario (7.1% de crecimiento), el peso de este sector no llega ni a 1% del PIB capitalino.

“Además de la desaceleración económica del país, a la Ciudad de México le perjudica el incremento de la informalidad y la menor generación de empleos (...) Habrá que pensar en establecer políticas para mejorar la actividad en la zona metropolitana”, dijo Eufemia Basilio Morales, investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México.

De acuerdo con la Confederación Patronal de la República Mexicana local, “la administración de Claudia Sheinbaum Pardo debe aplicar de manera eficaz los proyectos que anunció desde el inicio de su gobierno”, como los corredores inmobiliarios (inversión superior a 23,000 millones de pesos), el proyecto industrial de Vallejo-i (700 millones) y la Ventanilla Única de Construcción.

En positivo

El Estado de México, la segunda economía más grande, con 8.8% del PIB nacional, contrajo 3.0% anual su ITAEE.

Este comportamiento fue producto de los desplomes en construcción (23.2%), manufactura (5.7%), que es una cuarta parte de su economía, y comercio (3.1 por ciento). Los motivos fueron recorte federal a inversión pública y desaceleración de la industria estadounidense —menos insumos importados, en correlación con las manufacturas mexicanas de exportación— fundamentalmente, y los impactos a otros sectores que esto ocasiona en la demanda de consumidores y productores.

El otro estado que bajó su ITAEE fue Guanajuato, con 0.01%, que es la sexta economía de mayor tamaño con 4.4% del PIB nacional. Su talón de Aquiles fue construcción (-3.8%) y manufactura, esencialmente automotriz (-1.7 por ciento). Las causas son las mismas que las referidas en el Estado de México. Sobresale su aumento en comercio (1.3%), que demuestra un dato alentador en el consumo local, derivado de la fortaleza de su mercado de trabajo, aunque insuficiente.

De las entidades con crecimiento en su actividad económica, de las seis analizadas, Veracruz exhibió el incremento más débil (0.05%), siendo la quinta economía más grande, con 4.5% del PIB total. Al estado le afectaron las variaciones negativas en manufactura (2.0%), construcción (4.3%) y minería, mayoritariamente petrolera, (6.8%), pero se compensó con alzas en comercio (4.0%), campo (2.6%) y generación de energía eléctrica (1.7 por ciento).

“En Veracruz ha jugado en contra de su actividad económica, los elevados niveles de deuda, menor producción de petróleo, violencia y debilitamiento institucional”, indicó Basilio Morales.

Jalisco, la cuarta economía del país con 7.1% del PIB nacional, creció apenas 0.8% en su ITAEE, consecuencia de la reducción de 4.8% en la construcción, así como a la estabilidad en los sectores de manufactura, comercio, campo y servicios (aumentos entre 1.1 y 1.5%) y el dinamismo de la generación de energía eléctrica (tasa de 4.5 por ciento).

El único

Por último, Nuevo León fue la excepción de los motores económicos de México. Esta entidad contribuye con 7.6% del PIB del país, colocándola en tercera posición.

En los primeros tres trimestres del 2019, alcanzó un incremento de 2.7% anual de su ITAEE, siendo el cuarto estado con mayor crecimiento. La diferencia de los otros territorios fue la construcción, que ascendió 0.4% por el sector privado, pues supo compensar la baja en obra pública, además de la manufactura. cuya llegada de capital foráneo ocasionó que aumentara 5.0%; de hecho, sólo cayó en minería (7.7 por ciento).

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