Las naciones europeas con tasas de impuestos corporativos bajas respondieron positivamente a los planes de la administración del presidente de Estados Unidos (EU), Joe Biden, para una reforma en los impuestos corporativos globales, sin embargo, señalaron que Washington puede esperar un gran debate para ajustar los detalles de la iniciativa.

La propuesta que la secretaria del Tesoro de EU, Janet Yellen, presentó la semana pasada, busca romper el estancamiento en las conversaciones globales, dirigidas por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) sobre darle a los países el poder de aumentar los impuestos corporativos, incluidos los gigantes tecnológicos estadounidenses y otras grandes multinacionales, e introducir una tasa impositiva corporativa mínima global.

No obstante, esto sería un golpe para Irlanda, Países Bajos, Luxemburgo, Malta y Chipre, ya que defienden su derecho a establecer el impuesto de sociedades al nivel que elijan.

Pese a ello, Dublín dijo estar “a favor de un acuerdo, ya que eso puede traer estabilidad al marco fiscal internacional ” y Hans Vijlbrief, secretario de Estado de Finanzas de Países Bajos, dijo que el plan Biden era un “gran paso hacia la búsqueda de soluciones globales y el desarrollo de reglas efectivas”.

Por su parte, Pierre Gramegna, ministro de Finanzas de Luxemburgo, dijo que la iniciativa de EU ayudaría a crear un “campo de juego nivelado global”. Malta y Chipre no se han pronunciado.

Sin embargo, para acordar cualquier nuevo impuesto a nivel de la Unión Europea (UE) se requiere el acuerdo unánime de los 27 estados miembros.

Es probable que la batalla más grande sea el nivel de la tasa mínima global. EU propuso un impuesto de sociedades mínimo efectivo de 21 por ciento. Si bien Países Bajos y Luxemburgo tienen tasas generales más altas que esto, la tasa del impuesto de sociedades de Irlanda se sitúa en 12.5%, cuyo aumento afectaría directamente la competitividad del país.

“Los países pequeños, como Irlanda, deben poder utilizar la política fiscal como una palanca legítima para compensar las ventajas de escala, recursos y ubicación que disfrutan los países más grandes (...) Al mismo tiempo, aceptamos que deben existir límites para garantizar que cualquier competencia sea justa y sostenible”, dijo el Ministerio de Finanzas de Irlanda.

Por su parte, Feargall O’Rourke, socio gerente de PwC en Irlanda, comentó que Irlanda y países como Hungría se resistirán a un impuesto mínimo internacional.

Sin embargo, dijo:  “No hubo pánico en Dublín por la posible erosión de la ventaja fiscal de Irlanda. Los ministros creen que la fuerza laboral internacional altamente calificada del país y las relaciones duraderas con empresas multinacionales lo harán competitivo incluso si cambia su posición fiscal (...) Los impuestos son ahora sólo uno de los muchos puntos de atracción que tiene Irlanda [para las empresas multinacionales]. Si esto hubiera sucedido hace 20 años, habría sido más preocupante ".

No siempre hay Unión

Por otro lado, no todo será sencillo, ya que en el 2018, una alianza de países  bloqueó los planes para un impuesto tecnológico europeo y, a principios de este año, países como Irlanda, Malta y Luxemburgo se opusieron a los proyectos de planes de la UE para obligar a las multinacionales con más de 750 millones de euros en facturación anual a informar cuántas ganancias obtuvieron y los impuestos que pagaron en todos los estados miembros de la UE.

También, los ataques legales de Bruselas a los acuerdos fiscales “amables” entre gobiernos y gigantes corporativos han tenido resultados mixtos. La Comisión Europea (CE) sufrió una vergonzosa derrota el año pasado cuando su decisión histórica de obligar a Apple a reembolsar 14,300 millones de euros en impuestos no pagados al gobierno irlandés fue anulada por el tribunal general de la UE. La comisión apelará contra la decisión, pero mientras tanto, los esfuerzos por utilizar la ley de la UE para reprimir a las multinacionales se han visto obstaculizados.

Entonces, tras estos problemas, la propuesta de Washington, que estará sujeta también a las negociaciones finales entre los eurodiputados y los gobiernos nacionales, es vista por sus exponentes como un primer paso hacia la documentación de la escala de la elusión fiscal en Europa.

Todo esto ayuda a explicar por qué las propuestas estadounidenses fueron recibidas con relativa calidez: el acuerdo que se está negociando a través de la OCDE abarcaría 135 países y todas las corporaciones más grandes del mundo, lo que de hecho le quitaría la tarea de las manos a Bruselas.

“Las medidas de la OCDE significan que la UE no necesitará su propio impuesto digital”, dijo un diplomático de la UE.