De manera transitoria y conforme ha avanzado la contingencia sanitaria, el Índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC) parece no estar interpretando adecuadamente la modificación en el patrón de consumo y la formación de precios derivada de la situación económica por la que están atravesando las familias, advirtió el director de Investigación Económica en el ThinkLab veracruzano Saver, Luis Pérez Lezama.

“Esta extraña presión que están mostrando los productos agropecuarios y minoristas motiva a pensar en un consumo heterogéneo que no corresponde con el desempeño de un PIB lento y que pone sobre la mesa la aparición de una inflación pandémica”, explicó.

Entrevistado por El Economista, advirtió que “esta condición de consumo–gasto, sí está afectando la formación de precios y probablemente merecería una medición aparte, porque claramente no está reflejada por el INPC, ni por el índice de la canasta de consumo mínimo, y menos por la inflación no subyacente”.

Este comportamiento fue reconocido recientemente por el Banco de México, en el Reporte de las Economías Regionales más reciente.

Ahí precisan que el costo de la canasta de consumo de alimentos de los hogares mexicanos aumentó en el periodo de contingencia sanitaria y tuvo su mayor impacto en las familias de menores ingresos.

El director general adjunto de índices de precios en el Inegi, Jorge Reyes Moreno reconoció, en entrevista, que este aumento en los precios de alimentos, por ejemplo, se enmarca en una tendencia  mundial que incluso está motivando análisis en foros internacionales.

Reconoció que de manera temporal, el índice de precios al consumidor de la canasta de consumo mínimo, disponible desde septiembre pasado, es el que capta mejor el fenómeno del gasto familiar en la pandemia.

Banxico analizaría el ciclo

En el citado documento de Banxico, explican que “el alza de precios en algunas categorías de alimentos podría haber implicado que los hogares adquirieron un menor aporte calórico del que podían comprar antes del inicio de la pandemia por Covid-19 en ausencia de una adecuada reasignación de su gasto”.

Estos fenómenos son los que podrían estar detrás de la cautela que ha asumido el Banco de México para poner una pausa en el ciclo de recortes de la tasa, comentó el investigador de Saver.

“A todas luces se denota que el Banco de México está ganando tiempo para analizar el ciclo, la tendencia, la estacionalidad y los factores aleatorios que ya se perciben en este potencial indicador transitorio”, observó Pérez Lezama.

La pandemicflation, como la llama el investigador de Saver, “muestra tras un rastreo anualizado, una inflación de 6.1% durante el 2020 que quizá sea más consistente con la pérdida del poder adquisitivo que se experimenta en los bolsillos de los mexicanos”.

Por lo que sugiere darle seguimiento a este componente que inevitablemente ascenderá debido a los ajustes de precios que se observan a principio de cada año.

Hogares de menos ingresos con mayor impacto

La información divulgada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) confirma que las familias que tienen el gasto mensual más bajo, de hasta un salario mínimo, son las que experimentaron la mayor variación en los precios a tasa anual, de 5.61% en noviembre. Una fluctuación que está por encima de 3.33% que se observó en el INPC.

Para este grupo de familias, la inflación de alimentos, bebidas y tabacos, alcanzó una fluctuación de 8.33%, que es también la más alta entre los cuatro estratos de gasto.

En contraste, las familias que tienen un gasto mensual mayor a cuatro salarios mínimos, observaron una variación de precios de 2.57% en noviembre, a tasa anual.

Al hacer el mismo acercamiento sobre la fluctuación de precios de alimentos y bebidas no alcohólicas, percibidas por los hogares de este grupo, el Inegi muestra un avance anual de 6.63 por ciento. Es decir, una variación de precios de alimentos y bebidas que también duplica al registro del INPC.

Verduras triplican registro de inflación

El director general adjunto de índices de precios en el Inegi, Jorge Reyes Moreno, admitió que el cambio en el patrón de consumo durante la crisis sanitaria “ha tenido consecuencias claras en el aumento de precios de alimentos no procesados, productos de limpieza y salud que se encuentran agrupados en los subcomponentes mercancías y agropecuarios cuyas variaciones anuales llegan a duplicar la que registra el INPC.

Así, mientras el registro del INPC de noviembre mostró una variación de 3.3% anual, que es el dato más reciente divulgado, el subgrupo de productos agropecuarios observó un incremento de 7.20% también a tasa anual, que es más del doble de la inflación general.

Con información del Inegi se observa que los precios de frutas y verduras registraron fluctuaciones de precios de hasta 9.50% respecto del mismo mes del 2019, y las legumbres y hortalizas alcanzaron una variación de 15.09% anual en noviembre.

Reconoció que de manera temporal, es el índice de precios al consumidor de la canasta de consumo mínimo, disponible desde septiembre pasado, el que capta mejor el fenómeno del gasto familiar en la pandemia.

Este indicador, de la canasta de consumo mínimo, registró una variación anual de 3.47% anual que está aún lejos de reflejar el aumento general de los precios de productos agropecuarios, frutas, verduras y hortalizas.

ymorales@eleconomista.com.mx