Querétaro, Qro. Tras la reforma fiscal implementada por Estados Unidos, el gobierno mexicano se ha mostrado pasivo, por lo que se vaticina que será hasta después del proceso electoral cuando se defina una directriz tributaria.

En tanto que sería al próximo gobierno federal al que competería enfrentar estos retos, pues especialistas no proyectan cambios previos a las elecciones presidenciales.

El socio de Impuestos Internacionales de Deloitte, ubicado en Nueva York, José María Cabañillas, expuso que el gobierno estadounidense planteó un ajuste de la tasa corporativa de 35 a 21%, una reducción de 14 puntos, con la finalidad de ser una plaza más competitiva.

Históricamente, la tasa corporativa de EU era la tasa más elevada dentro de todos los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, dado que la tasa promedio ronda de entre 25 y 26%, mientras que en Europa fluctúa entre 19 y 22 por ciento.

Cabañillas externó que, hasta después del proceso electoral de México, podría haber una definición del gobierno mexicano en materia de política fiscal.

“Primero habría que ver el resultado del proceso electoral y con la nueva administración cuál sería el enfoque que se le daría. Si hay una inversión existente en México, es difícil que de inmediato vaya a ser geolocalizada a Estados Unidos”, comentó.

Explicó que las modificaciones de la política fiscal de Estados Unidos que atañen a las compañías son permanentes, dado que se requeriría de una nueva reforma para hacer ajustes; contrario a lo que refiere a los ajustes relacionados con personas físicas, puesto que tienen temporalidad de ocho años.

El experto en temas fiscales descartó que la aplicación de la reforma estadounidense tenga un efecto inmediato en las empresas instaladas en México, puesto que —dijo—no implica un cambio de forma en las operaciones de las compañías.

Ante este escenario, aunó que las firmas que prevén hacer nuevas inversiones analizan si es suficiente una tasa corporativa de 21% para establecerse en Estados Unidos; mientras que las que tienen operaciones en Estados Unidos cuantifican qué implica tener inversiones en dicho país o en México.

A esto se añade que el principal impulsor de una compañía radica en la generación de utilidades; no obstante que la situación fiscal sea adversa, siempre y cuando hacer dicha inversión implique más ingresos.

“La estructura fiscal más eficiente es otra cuestión, pero eso no va a impedir que se exploten nuevas oportunidades en México, China o Japón. China tiene la tasa corporativa más alta”, declaró José María Cabañillas.

Ante este escenario, también existen empresas mexicanas radicadas en Estados Unidos que están analizando qué contexto fiscal les conviene, agregó el socio de Impuestos Internacionales, Alfredo Barrón, al referir que disposiciones como la deducción inmediata, dijo, son clave para alimentar las utilidades de las compañías.

De acuerdo con Barrón, las empresas también deberán analizar diversos componentes tributarios, ya que mientras en México prevalecen los impuestos federales, en Estados Unidos también existe la presión de los impuestos estatales y municipales.

“Hemos visto cierta pasividad en la autoridad fiscal mexicana, necesitan tiempo para analizar y calcular qué impacto tendrá en México”, señaló Barrón.

En tanto el socio del área de impuestos Corporativos, Eliezer García, refirió que la reforma fiscal estadounidense tiene el objetivo de incentivar la economía, además de atacar la práctica de diferimiento del pago de impuesto.