El espacio fiscal de México sigue siendo limitado y está expuesto de forma importante a los cambios en el sentimiento de los inversionistas, coincidieron analistas de Banco Base, HR ratings y el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF).

Las finanzas públicas enfrentan varias presiones de largo plazo como las crecientes pensiones, el apoyo consistente que está dirigiendo el gobierno a Petróleos Mexicanos, su baja recaudación y la limitada capacidad de crecimiento económico, explicó el director de análisis económico de la calificadora HR, Felix Boni.

Así que la situación financiera de Pemex es sólo una parte de las presiones de corto plazo que pueden estar enfrentando las finanzas públicas, advirtió.

El gasto de capital de Pemex aumentó 30% respecto del que realizó el año pasado (...) la cuestión es que en tres o cuatro años tendremos que ver si tendrá resultados positivos al aumentar la refinación y producción”, consignó Boni.

Aparte, la directora de análisis económico y financiero de Banco Base, Gabriela Siller, explicó que Pemex continuará como un factor de riesgo cada vez mayor para las finanzas públicas de México, pues la petrolera sigue endeudándose y es el gobierno quien está asumiendo el costo financiero.

La estratega explicó que tras perder el grado de inversión se ha encarecido la posibilidad de que la petrolera levante recursos en el mercado. Es entonces el gobierno quien asume la responsabilidad de fondear a la petrolera y sus proyectos de expansión, advirtió.

Desde Washington, analistas del IIF consideran que adicional a estas presiones presupuestales, el país tiene un espacio fiscal limitado por una baja capacidad de crecimiento y una confianza empresarial erosionada.

En un reporte especial para América Latina, titulado “El desafío fiscal”, el IIF, la mayor asociación de instituciones financieras globales, explica que “la vulnerabilidad fiscal de los países en América Latina, en un contexto de condiciones financieras globales que se están endureciendo, podría pesar sobre la confianza de los inversionistas”.

Es entonces que destacan el caso de México al advertir que “contrario a la tendencia regional, seguirá siendo austero en medio de un espacio fiscal limitado, una alta exposición a cambios en el sentimiento de los inversionistas y una confianza empresarial erosionada”.

Recursos distraídos

La experta de Banco Base argumentó que en un contexto de lenta recuperación económica, se desacelera la recaudación y aumentan los riesgos de un debilitamiento de las finanzas públicas.

Entonces, al avanzar el modelo operativo de una empresa paraestatal, como está pasando con Pemex, el gobierno está utilizando los recursos que tiene para apoyarla en lugar de utilizarlos para otorgar una política contracíclica que ayude a acelerar la recuperación económica, explicó Siller.

El especialista de HR Ratings admite que Pemex es un punto de presión para las finanzas públicas, pues no sólo requiere el apoyo del gobierno para cumplir con sus obligaciones financieras y mantener el gasto de capital, también se han reducido sus aportaciones tributarias.

De acuerdo con el reporte financiero de Pemex del segundo trimestre del año, realizó transferencias al gobierno federal por un monto de 368,963 millones de dólares en el primer semestre del año.

La cuestión es que la empresa productiva del Estado no solamente puede presionar financiando la deuda, sino que el gobierno necesite más recursos para apoyarle y la petrolera aporte mucho menos, observó Boni.

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