La trágica madrugada del 27 de febrero del 2010 puso la prueba más compleja que ha debido afrontar la industria aseguradora en Chile. La fuerza del terremoto no sólo derribó cientos de miles de viviendas y varios cientos de empresas, sino que tensó al máximo las estructuras de las compañías que tenían cubiertos estos riesgos.

En resumen: más de 220,000 siniestros denunciados, 148,000 liquidados y 5,700 millones de dólares de seguros pagados. Una tarea que para la industria y para la Superintendencia de Valores y Seguros (SVS) implicó un arduo desafío desde el primer día.

Según la SVS a noviembre del 2011, el costo de los siniestros pagados por la industria sólo en vivienda ascendería a ?1,300 millones de dólares, sobre un universo de 190,000 denuncias.

Una de las principales dificultades que enfrentó la industria aseguradora es que la magnitud del número de siniestros vivienda, empresas, autos implicó un esfuerzo inédito en la función de equipos de cara a los clientes. Literalmente, los liquidadores propios de las compañías más los independientes no daban abasto. Incluso, hubo compañías que recurrieron a sus matrices con refuerzos extranjeros con experiencia en grandes catástrofes.

Las compañías tuvieron que establecer procesos fast track para la inspección, liquidación y pago. Ello, considerando que se trató de un volumen de casi 250,000 siniestros que debían ser resueltos en sólo semanas.

Desde marzo del 2010, la SVS puso plazos perentorios y un monitoreo permanente sobre la industria, sobre todo en las coberturas de vivienda. ?La despiadada fuerza que sufrieron las casas de miles de chilenos también afectó a otros sectores, como las empresas.

A fines de diciembre del 2011, precisó la SVS, del total de denuncias (32,117) se habían pagado ?4,417 millones de dólares por concepto de siniestros distintos de viviendas.

Contenido de la Red Iberoamericana de Prensa Económica