Todos los países requieren trabajadores especializados. Entre más profesionalización haya en un país, mejores resultados se pueden esperar, sobre todo en lo que a progreso se refiere. Cada vez más y más profesionistas exploran las oportunidades y opciones en torno a si continuar sus estudios después de la universidad.

Un título de posgrado no es un boleto que permite conseguir el trabajo soñado sin importar las habilidades y la experiencia; sin embargo, para algunos puestos de trabajo o profesiones, contar con una maestría o un doctorado representa una ventaja competitiva.

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Estudiar un postgrado en un mercado laboral tan competitivo como el actual es casi indispensable si existen aspiraciones de continuar con un rápido ascenso laboral. Las empresas cada vez lo que exigen más y, por ello, cada vez más estudiantes se aventuran a estudiar alguna maestría.

Una Maestría en Administración o MBA (por sus siglas en inglés, Master in Business Administration), es sin duda una de las principales opciones de postgrado para continuar ascendiendo en la posición ejecutiva en que se encuentran.

Cada profesional tiene sus propios motivos para estudiar un MBA. A diferencia de otros programas, tales como las maestrías especializadas o los diplomados, un MBA brinda conocimientos generales para entrenarse en un contexto empresarial, de negocios y en las funciones operativas de una compañía.

Un artículo de Business Insider describió el hallazgo de Alex Dea, un consultor Sénior en Deloitte Digital y que en el 2015 se graduó de la University of North Carolina at Chapel Hill's Kenan-Flagler Business School. Dea descubrió que lo más importante que los ex alumnos recién egresados de MBAs de todo Estados Unidos aprenden, no está en un libro en las aulas.

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El común denominador de las historias que Alex Dea recopiló es que mientras que no se necesita ir a la escuela de negocios para aprender sobre la economía y las estadísticas, la experiencia de la escuela sí misma es lo más valioso.

Estos son 9 aprendizajes de ex alumnos de MBAs que no tienen que ver nada con lo académico

1. El valor de la confianza en los negocios

Jeff Ellington formó parte de Dorm Room Fund, una firma de capital de riesgo de Nueva York, mientras estudiaba en la Wharton School de la Universidad de Pennsylvania. Le impresionó la forma en que los socios de la Primera Ronda trataron al equipo al que pertenecía. "Esta confianza ganó nuestro respeto e inspiró al equipo a trabajar muy diligentemente", dijo Ellington. Jeff se dio cuenta de la importancia de generar lazos de confianza entre los involucrados en un negocio. A lo largo de cinco años, Dorm Room Fund creció a más de 10 escuelas, 130 inversiones y 400 socios y empresarios. "Tratar a las personas con respeto y tomar la iniciativa de experimentar puede tener efectos increíbles".

2. Conocerse a sí mismo conduce a una mejor toma de decisiones

Katie Ellington admite que al salir de la escuela se sentía más feminista de lo que ya era. Mienstras estuvo en la escuela, estuvo en contacto con muchos temas de mujeres en posiciones de liderazgo corporativo. Explicó que al dirigirse a su meta de establecer "un lugar de trabajo y un país más equitativo", aprendió a entender mejor cómo la mente crea atajos potencialmente problemáticos a partir de los prejuicios. "Espero que una mayor conciencia sobre cómo estos prejuicios me afectan conducirá a una mejor toma de decisiones durante el resto de mi vida y carrera", dijo.

3. Dejar de dudar de sí mismo

Con un título de licenciatura en historia y experiencia en el sector sin fines de lucro, Charlie Mangiardi se encontró abrumado en la Universidad de Nueva York Stern School of Business cuando comparó sus credenciales a estudiantes más típicos de la escuela. Pero al construir relaciones con sus compañeros de clase y esforzarse académicamente, se dio cuenta de que los equipos efectivos comprenden miembros con diferentes experiencias y habilidades que se complementan entre sí.

4. Seguir el camino de otra persona puede retrasar tú crecimiento

Durante su tiempo en la Escuela de Negocios Ross de la Universidad de Michigan, Holly Price aprendió a "permanecer en su carril", en el sentido de permanecer fiel a sí misma. Entró en la escuela de negocios con la intención de seguir un camino tradicional de "éxito" antes de darse cuenta de que esta mentalidad estaba llevando al auto-sabotaje. "Si pasas tú tiempo midiéndote con tus iguales o tratando de perseguir fama y la fortuna, es más fácil no hacer nada" dijo. "Si te mantienes fiel a tus valores y buscas oportunidades que te brinden energía, es más probable que vayas más allá y te sientas más satisfecho que al perseguir el sueño de otra persona".

5. Hay más poder en ser humilde que ser arrogante

Kathryn Crimmins entendió uno de los "principios definitorios" de la Escuela de Negocios Haas de la Universidad de California, en Berkeley: "Confianza sin actitud - Tomamos decisiones basadas en pruebas y análisis, dándonos la confianza para actuar sin arrogancia. Nosotros lideramos a trevés de la confianza y la colaboración." Durante los últimos dos años, Crimmins ha trabajado en hablar y tomar la iniciativa, consciente de no virar hacia la condescendencia.

6. Concentrarse en el proceso

Max Zevin se describía a sí mismo como un perfeccionista cuya voluntad de éxito académico y atlético dio lugar a un miedo al fracaso. Pero durante su tiempo en la Escuela de Negocios Kenan-Flagler de UNC, rápidamente se hizo evidente que un viaje impecable a través de la escuela no era de ninguna manera posible. "Creo que al ser estratégico sobre dónde pasé mi tiempo, y por estar bien con el fracaso, me liberé para estar concentrado en el proceso", dijo.

7. Las cosas buenas vienen de afuera de la zona de confort

En el camino por la Universidad de Virginia Darden School of Business, Maureen Keegan se consideraba una "persona bastante tranquila y tímida". Ella se dio cuenta que cualquier experiencia académica que inicialmente se sentía incómoda la llevaba al crecimiento, por lo que necesitaba mantener una mente abierta. Aprendió que aunque se había auto calificado como una persona callada y tímida, no tenía que identificarse plenamente con esos rasgos. Vio una transformación en dos años.

8. Sólo preocuparse por las situaciones que están bajo su control

En la Escuela de Negocios Kenan-Flagler de UNC, el horario de Melanee Swanson era imposible, entre las actividades académicas y las responsabilidades extracurriculares, complicándose aún más, cuando tuvo que lidiar con algunos problemas de salud. "Hay tantos aspectos sobre la vida en la escuela de negocios que se quieren controlar, pero se no puede", dijo. "Y hay tantas cosas que te jalan en direcciones opuestas en la escuela que te obligan a concentrarte sólo en las partes que puedes controlar. Si te preocupas por todo, te volverás loco y ya no disfrutarás de la escuela, el trabajo o la vida".

9. Priorizar la pasión

Scott Landay dijo que, como la mayoría de la gente, equiparó el éxito con pagos más grandes. Pero durante su tiempo en la Escuela de Negocios Haas de la UC de Berkeley le mostró que sacrificar su pasión para buscar un cheque o nombre más grande en su currículum lo dejaría miserable.

Decidió que cualquier trabajo que tomara tendría que tener una misión con la que pudiera conectarse personalmente.

ruy.rebolledo@eleconomista.mx