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La Copa del Mundo regresó a México después de 40 años, pero muchos se sienten excluidos
México solo alberga 13 de los 104 partidos, lo que deja a muchos con la sensación de estar al margen. Los aficionados citan también los altos precios de las entradas y de la televisión de pago como barreras para ser parte del Mundial.

Miles de aficionados mexicanos se dan cita en los Fan Fest en las ciudades anfitrionas para ver los partidos.
Nacido en 1986, el año en que México fue sede de un Mundial por última vez, a Eduardo Marín le gusta bromear diciendo que ha medido su vida no en años, sino en torneos de fútbol.
En 1994, siendo niño, vio con su familia cómo México caía eliminado en la tanda de penaltis ante Bulgaria. En 2006, ya en la universidad, recuerda la decepción de ver a Maxi Rodríguez, de Argentina, marcar de volea desde fuera del área en la prórroga, eliminando a uno de los mejores equipos mexicanos de los últimos tiempos. Y en 2018, con poco más de 30 años, Marín y ocho amigos pintaron un autobús con los colores de México (verde, blanco y rojo) y viajaron desde Alemania hasta Rusia para apoyar a la selección mexicana. El autobús apareció en canales de televisión de todo el mundo y les valió, por un momento, fama viral.
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Ahora que el Mundial ha llegado a México, Marín se queda en casa.
No asiste a ningún partido y el autobús está acumulando polvo. Según él, los precios de las entradas se han disparado hasta ser inalcanzables, y el ambiente es muy diferente al espíritu popular y de "todo es posible" que recuerda de su juventud.
“Era como para el pueblo, para la gente", dijo, describiendo lo que él considera un cambio hacia un evento más elitista, similar a las carreras de Fórmula Uno.
Marín dijo que el costo total de su viaje a Rusia, incluyendo las entradas para tres partidos, fue de aproximadamente 5,000 dólares. Para este torneo, algunos aficionados pagaron esa cantidad por una sola entrada para el partido inaugural de México contra Sudáfrica.
En todo México, el sentimiento de Marín es ampliamente compartido. A pesar de que la Copa del Mundo regresa a su país por primera vez en cuatro décadas, muchos mexicanos afirman sentirse excluidos, con entradas demasiado caras para los estadios, obligados a pagar costosas suscripciones de televisión y limitados por estrictas normas de licencias que han restringido el número de bares —sobre todo en las zonas menos favorecidas— que transmiten los partidos.
También han surgido tensiones por los intentos de embellecer las ciudades anfitrionas para los aficionados visitantes. En Ciudad de México, los residentes criticaron la pintura de los ajolotes, la simpática salamandra autóctona, en todo tipo de lugares, desde murales hasta vagones de tren. En los alrededores de Monterrey, las autoridades levantaron muros a lo largo de las carreteras que conducen al estadio y al aeropuerto, ocultando a la vista los barrios pobres. "No quieren que nos vean", dijo San Juanita Barrera, de 71 años, residente desde hace mucho tiempo del barrio Nuevo San Rafael de esa ciudad norteña.
El gobierno del estado Nuevo León, del que Monterrey es capital, no respondió de inmediato a la solicitud de comentarios.
Apartado en casa
México albergará solo 13 de los 104 partidos del Mundial, mientras que la gran mayoría se jugarán en Estados Unidos. Para aficionados de toda la vida como Ricardo Arafat García Tagle, un animador gráfico de 42 años originario del barrio obrero de Coapa, en Ciudad de México, este desequilibrio resulta doloroso.
"Cuando redujeron a 13 partidos, me pareció como bastante insultante", dijo en su apartamento mientras veía el partido de la fase de grupos entre Brasil y Marruecos. "De los tres países —México, Estados Unidos y Canadá— ¡este es el país futbolero!".
El costo de ver los partidos en casa también se ha disparado. A diferencia de torneos anteriores, que se transmitían ampliamente por televisión abierta, ahora ver muchos partidos requiere una suscripción de pago.
En los estadios, la situación es aún más inalcanzable. Para el partido inaugural del Mundial en Ciudad de México, los aficionados en el Estadio Azteca declararon haber pagado entre 3,000 y 5,000 dólares por una entrada. Esto equivale a casi 10 meses del salario medio de un mexicano. La FIFA ha defendido los precios de las entradas, argumentando que están en línea con los de otros grandes eventos deportivos.
Al ser consultado sobre los altos precios de los boletos, el Gobierno mexicano ha declarado que se han organizado proyecciones públicas gratuitas en todo el país.
Laberinto de licencias
Para las empresas, las barreras también son considerables.
En el Salón Casino, una cantina histórica en el barrio capitalino Doctores, el gerente Luis Bernot dijo que preparar su bar para el torneo ha significado sortear un laberinto de restricciones impuestas por la FIFA, el organismo rector del fútbol internacional.
El establecimiento siempre ha dependido de los deportes para atraer público, pero este año, según Bernot, su equipo tuvo que rediseñar repetidamente el material promocional a medida que surgían nuevas normas, incluidas las prohibiciones de usar términos como "Copa del Mundo" o imágenes asociadas con el torneo.
Fuera de la cantina, una pancarta reza "El fútbol se vive y se bebe", junto a un balón cubierto de banderas internacionales, un uso cuidadoso del vocabulario y las imágenes que no están prohibidos por los titulares de los derechos. "Quieren ganar por todo", dijo Bernot refiriéndose a la FIFA.
Según un portavoz de Televisa, las tarifas para que bares y restaurantes transmitan la Copa Mundial completa oscilan entre los 4,000 pesos mexicanos (233 dólares) para los negocios con menos de cinco mesas y los 22,000 pesos para los establecimientos más grandes con más de 20 mesas.
En respuesta a las preguntas de Reuters, el portavoz afirmó que TelevisaUnivision transmitirá 32 partidos de forma gratuita, incluyendo todos los encuentros de México y la final. Añadió que la FIFA había incrementado significativamente el costo de los derechos de transmisión en comparación con Mundiales anteriores.
La CANIRAC, la organización de restaurantes de México, advirtió en un aviso en su sitio web que los miembros deben pagar una licencia comercial y que el uso de suscripciones personales para la visualización pública podría acarrear multas o sanciones.
En Las Delicias de la Obrera, un pequeño local en la Colonia (barrio) Obrera de Ciudad de México, el gerente Julio Mendoza afirmó que pagar por un paquete de televisión comercial nunca fue una opción. El restaurante solo transmitirá la pequeña cantidad de juegos disponibles de forma gratuita.
Un sábado por la noche, mientras Haití jugaba contra Escocia, en la televisión emitían una telenovela. Mendoza esperaba que el Mundial impulsara su negocio, sobre todo atrayendo turistas, pero se ha sentido decepcionado. "Pues la verdad es que está un poco mal", dijo mientras servía pozole, una sustanciosa sopa mexicana.
Para Marín, que viajó por todo el mundo viendo jugar a México, es difícil aceptar que no podrá asistir a ningún partido en su país. Pero no es solo él quien se lo pierde, dijo. Todo el torneo ha perdido algo.
"Siento yo que la vibra (...) ya no fue la misma", agregó.


