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Política

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Ozono persistente en ciudades: expertos alertan que sigue siendo una amenaza para la salud y el clima

Expertos coincidieron en que el ozono troposférico no debe entenderse únicamente como un episodio de mala calidad del aire.

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Redacción El Economista

A pesar de los avances logrados en la reducción de emisiones contaminantes durante las últimas décadas, el ozono troposférico continúa registrando niveles elevados en distintas ciudades del mundo y se mantiene como uno de los principales desafíos para la calidad del aire, con impactos directos en la salud de las personas, los ecosistemas y el cambio climático.

Esa fue una de las principales conclusiones del Seminario sobre ozono troposférico persistente en ciudades: avances y retos en la mejora de la calidad del aire, organizado por la Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAMe), el Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático (INECC) y WRI México, que reunió a especialistas, autoridades y representantes de organismos internacionales de América, Asia y Europa para intercambiar evidencia científica y experiencias sobre este contaminante. 

¿Por qué preocupa el ozono troposférico?

Durante el encuentro, los expertos coincidieron en que el ozono troposférico no debe entenderse únicamente como un episodio de mala calidad del aire. Se trata de un contaminante que se forma mediante complejas reacciones fotoquímicas en presencia de la radiación solar y cuya persistencia responde a factores como las condiciones meteorológicas, el transporte regional de contaminantes y los cambios en la composición de la atmósfera.

Además de agravar enfermedades respiratorias y cardiovasculares, su exposición está relacionada con hospitalizaciones, muertes prematuras y pérdidas en la productividad agrícola y forestal, por lo que los especialistas insistieron en que el problema debe abordarse como parte de una estrategia integral de salud pública, protección ambiental y acción climática. 

México apuesta por una política ambiental basada en la ciencia

Durante la inauguración del seminario, el director general de Fomento y Desempeño Urbano Ambiental de la Semarnat, Germán Ruíz, señaló que México busca fortalecer una política ambiental sustentada en la ciencia, la cooperación internacional y la coordinación entre los distintos niveles de gobierno.

El funcionario destacó que mejorar la calidad del aire implica proteger la salud de la población, fortalecer la resiliencia climática e impulsar la movilidad sustentable, la eficiencia energética y el bienestar de las personas.

La Zona Metropolitana mantiene al ozono entre sus mayores retos

El coordinador ejecutivo de la CAMe, Víctor Hugo Páramo, recordó que la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM), donde viven más de 22 millones de personas, enfrenta desde hace décadas el desafío del ozono, considerado uno de los contaminantes atmosféricos de mayor preocupación por sus efectos sobre la salud y el clima.

Explicó que la crisis ambiental registrada a finales de la década de 1980 impulsó la creación de los programas Proaire, estrategia que actualmente se encuentra en su quinta edición, correspondiente al periodo 2021-2030. 

No existe una solución única

Uno de los principales mensajes del seminario fue que reducir los niveles de ozono troposférico requiere una combinación de medidas, ya que no existe una estrategia única para resolver el problema.

Especialistas de universidades y centros de investigación de China, Chile, Reino Unido, Alemania, Estados Unidos, Brasil, España y Francia presentaron experiencias sobre monitoreo atmosférico, pronósticos, regulación ambiental y políticas públicas. Entre las coincidencias destacaron la necesidad de fortalecer el monitoreo, mejorar la regulación y diseñar estrategias adaptadas a las condiciones de cada región.

Asimismo, se explicó que controlar el ozono implica reducir principalmente sus precursores, como los compuestos orgánicos volátiles (COV) y los óxidos de nitrógeno (NOx), cuya interacción con la radiación solar favorece la formación de este contaminante. 

Hasta 470,000 muertes prematuras en un año

Durante el seminario también se expusieron estimaciones sobre el impacto sanitario del ozono a nivel global.

La investigadora Pallavi Pant, del Instituto de Impactos en Salud, señaló que se calcula que en 2023 alrededor de 470,000 muertes prematuras estuvieron asociadas a la presencia de ozono en el aire ambiente y que aproximadamente 90% ocurrieron en países de ingresos bajos y medios. 

Cooperación internacional, clave para enfrentar el problema

Al cierre del encuentro, los organizadores coincidieron en que combatir el ozono troposférico exige fortalecer la cooperación entre gobiernos, academia, organismos internacionales y sociedad civil.

Subrayaron que compartir conocimiento científico, reforzar las capacidades técnicas y desarrollar políticas públicas basadas en evidencia permitirá avanzar hacia ciudades más saludables y resilientes, al tiempo que se protege la salud de la población, los ecosistemas y se contribuye a enfrentar los efectos del calentamiento global.

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