La formación profesional de Arsene Wenger, economista graduado de la Universidad de Estrasburgo, le ha permitido impulsar a Arsenal al éxito económico. Cuando llegó al club, en 1996, habían pasado seis años desde la última vez que el equipo había sido campeón en el futbol inglés. No figuraba entre los clubes millonarios del mundo y su futbol era considerado aburrido.

Las virtudes del francés como gerente del equipo no están a discusión. En 17 años al frente de los Bombarderos, el balance entre compra y venta de jugadores apenas registra una pérdida de 68.9 millones de euros; es decir, un déficit de 4 millones de euros cada temporada.

Al equipo londinense llegaron, entonces desconocidos, Anelka, Van Persie, Overmars, Fábregas, Song, Nasri, entre otros. Wenger les sacó provecho deportivo y, sobre todo, económico: Real Madrid pagó 35 millones de euros por Nicolás Anelka, 46 veces más el valor por el que llegó a Londres (750,000 euros); Barcelona repatrió a Cesc Fábregas pagando 10.6 veces más por lo que lo vendió y siendo un futbolista formado hasta los 16 años en su cantera. El español, además de capitán y parte fundamental en los últimos tres títulos de Arsenal, dejó una ganancia de 30.8 millones de euros.

El club también figuró entre los millonarios del mundo. Ingresó a la lista de la Football Money League en el 2002, con 141 millones de euros, y en el 2012 alcanzó su máximo de ingresos en un año, 290 millones de euros.

Sin embargo, los ingleses no son campeones desde el 2005 y tienen una cuenta pendiente con los torneos europeos, en donde han perdido dos finales: la Champions League ante Barcelona en el 2006 y la entonces Copa UEFA del 2000, contra Galatasaray.

Por eso, la salida de sus figuras ha propiciado una constante renovación de la plantilla y una falta de estabilidad a la que el técnico pretende ponerle fin con la llegada de Mesut Özil para romper con la inercia de las últimas tres ediciones del torneo de campeones, en las que el límite del equipo han sido los octavos de final.