Monterrey. ¡Oh Lalá! , una exclamación estruendosa de Timea Babos en cada disparo que falla, en jugadas que a su parecer deben ser de perfecta ejecución en el tenis. Gritos de recriminación que se hizo a sí misma la ahora campeona del Abierto Monterrey, quien superó en la gran final a la rumana Alexandra Cadantu, por doble 6-4.

Una monarca de 18 años, impensable. La apuesta principal era la estadounidense Serena Williams, ausente a pocos horas de que diera inicio el torneo que se desarrolló en el Club Sierra Madre y de quien se conservan los carteles publicitarios. Ninguna publicidad para Timi, quien nunca había ganado un título de la WTA.

Come on Timi , enunciado de aliento a la chica que dirigió en breves lapsos la mirada hacia su entrenador. La húngara persuade con ademanes adolescentes, aunque su físico haga creer que tiene más años a cuestas. Así esos latentes instantes serán inolvidables para el público que la vio a ganar la final en hora y 21 minutos en un torneo que repartió 220,000 dólares en premios, de los cuales 37,000 se van a la cuenta de la nacida el 10 de mayo de 1993.

Babos no sólo comunicó su ánimo por medio de su sonrisa, sudor y gritos que desfogaban la consecución de cada punto o la lamentación de una infructuosa dejada. Timea le dio sonido a la superficie con el contacto de su raqueta en las pelotas que iban muy bajas y a la esquina, adonde estiraba su espigada altura superior al metro con 80 centímetros. El azotón de más goce contra la cancha dura fue tras decretarse su sexto punto en el segundo set.

La atleta, que llegará a 127,809 dólares de ganancias, suma 280 puntos para el ranking. Ayer, obtuvo 2.4 veces lo que se ha agenciado desde que en el 2009 se convirtió en profesional. ¡Oh lalá!, Timi cautivó Monterrey.

diego.fragoso@eleconomista.mx