ZAPOPAN- Una manzana es la única compañera de Paula Badosa en los minutos previos a entrar a las canchas de tenis. Su figura esbelta y fuerte refleja el cuidado perfecto de su físico a través de la alimentación, aunque para ella hay otro punto importante que atender: la salud mental.

Badosa Gibert acaba de cumplir 24 años durante su participación en las WTA Finals 2021. A pesar de su juventud, ya ha vivido un carrusel de emociones dentro del tenis de élite que le hace tomar las cosas con la misma sensatez con la que analiza cada golpe on court.

“Las acciones principales que hice este año para llegar a mi mejor ranking fue trabajar muy duro, mentalmente he dado un paso hacia adelante, tengo más confianza conmigo misma, he crecido mucho en mi juego y al final, juntando todo en el puzzle sale mi mejor año y estoy muy orgullosa de ello”, cuenta la tenista española a El Economista.

El 2021 de Badosa es un break point en su carrera: pasó del puesto 70 del ranking al número 10, se convirtió en la primera española en ganar Indian Wells y también gracias a sus puntos le dio a su país una doble presencia en las WTA Finals (junto a Garbiñe Muguruza) después de 21 años. Aunque en Guadalajara cayó en semifinales, se robó el cariño de la afición.

Su puño al cielo en señal de victoria y su vista siempre al frente hacen imposible imaginar que sus inicios en el tenis estuvieron abrumados por la depresión. Badosa tenía 17 años cuando ganó el Roland Garros Junior de 2015 sintió cada vez más presión encima hasta llegar a 2019 con un colapso emocional.

“Era muy difícil vivir con expectativas. Si tienes cosas en la cabeza no entrenas ni comes bien, pasas ansiedad y te distraes. Empezamos a trabajar en eso para estar tranquila dentro de la pista. Mi entrenador me hacía ver que si perdía un partido seguía siendo la misma”.

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