Londres. Asoma en sus labios la sonrisa. Pulcra, estupendamente blanca y perfecta. A Paola Espinosa si algo le queda muy bien, es la pose que cualquier estrella de cine tomaría: espalda erguida, ojos bien abiertos, meneando el brazo saludando al universo. El camino a convertirse en leyenda empieza ya.

Y está ahí. Como tantas otras veces lo ha estado en la plataforma del Centro Acuático de Londres 2012. Firme, segura, al lado de su cómplice con quien busca la gloria. El escenario toma forma de una mantarraya que se interpone entre el agua y el cielo.

Una prueba en la que las chinas Chen Roulin y Wang Hao, no dejan lugar para errores. Incluso en los entrenamientos, las clavadistas diminutas entran al agua en sincronía perfecta, amenazan con no ceder un solo momento.

La cuenta regresiva: five, four, three, two, one. Una por una, las parejas de saltadoras se elevan sobre sí mismas y al agua. China, Ucrania, Australia, Alemania, Gran Bretaña, México, Malasia y Canadá, buscan treparse al podio usando a los clavados como una excusa para alcanzar el sueño de todo deportista: conseguir una medalla en Juegos Olímpicos.

De México, de Paola Espinosa y Alejandra Orozco, los primeros fallos en los clavados uno y dos. Malasia pues, ha empezado a soñar. Tras la segunda ronda se ubican terceras. Pronto, la competencia continúa, pero Roulin y Hao han dejado sin argumentos a sus competidoras para pelearles el oro.

Ahora la batalla se centra en México y Canadá. Cuarto salto: tres y media vueltas hacia atrás de las mexicanas, les apuntan 75.24 puntos en el tablero electrónico. Mismo clavado que las canadienses quienes no tienen la misma perfección y sus 73.26 puntos las ubican terceras.

Y las chinas, ya nada más por puro trámite, completan su lista de saltos y lo hacen perfecto. Y México aunque, ya siente en su pecho la medalla, no se confía. Paola Espinosa mira cómplice a su amiga, le habla. Habrá que ser certeras en este último salto. Y lo son, con 81.60 sólo hay que esperar a las canadienses quienes, de nuevo, han copiado el clavado de las nuestras y aunque obtienen mejor puntuación (82.56), han decretado ya el podio: China-México-Canadá.

Estira orgullosa el cuello, Paola. Parece increíble que en esa diminuta figura de apenas 1.56 metros y 49 kilogramos, acumule en su humanidad todo esto: ser la única mujer mexicana en obtener una medalla en dos ediciones de Juegos Olímpicos distintas, la segunda atleta, sólo después del también clavadista Joaquín Capilla, en concretar ese logro.

Haber conseguido en conjunto con Orozco, la medalla 12 para su deporte en una justa veraniega, siendo así la suya, la disciplina que más metales olímpicos se ha agenciado.

Y a eso, habrá que sumarle su palmarés: dos veces quinta en los JO de Atenas 2004, tres veces campeona panamericana en los Panamericanos de Rio 2007, abanderada de México en Beijing 2008 y medallistas de bronce en esa edición en la plataforma junto a Tatiana Ortiz. Campeona mundial en el 2009 en Roma, tres oros en los Centroamericanos de Mayagüez 2010, cinco preseas doradas en Universiadas Mundiales, bronce en el Campeonato mundial de Shangai.

Reina de los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011, donde conquistó tres medallas doradas (plataforma individual, plataforma sincronizada y trampolín de 3 metros sincronizados) y un bronce (trampolín 3 metros).

Y dueña, además, de una figura en el museo de cera de la Ciudad de México. Es eso Paola Espinosa, quien ayer, en elevó su nombre a un lugar donde muy pocos pueden hacerlo: la historia.

cristina.sanchez@eleconomista.mx