Tras 15 meses como presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Thomas Bach espera que la Asamblea de Miembros reunida en Mónaco apruebe las 40 medidas que definirán los futuros Juegos Olímpicos: más simples, más flexibles y más accesibles.

En el 2014, ha llamado la atención el faraónico dispendio de los Juegos de Invierno de Sochi y el desastre de la campaña para la edición del 2022, a la que ya solo aspiran Beijing y Almaty (Kazajistán).

Entre los olímpicos, son pocos los que osarían contestar la necesidad de reducir drásticamente el coste de los Juegos, filosofía imperante en la Agenda 2020, que privilegia el uso de equipamientos ya existentes, el recurso a instalaciones temporales y la unión de fuerzas entre varias ciudades o incluso países.

El COI, en su versión Bach, quiere también abrirse al mundo no olímpico permitiendo a deportes excluidos o que se quedan a las puertas del olimpismo acudir como invitados puntuales a los Juegos.

Esta vuelta del concepto de deporte de exhibición, en vigor hasta los años 90, podría permitir en Tokio 2020 una vuelta del beisbol y el softbol, su versión femenina.

Otro punto que probablemente se debatirá será la creación de una cadena de televisión olímpica que emitiría 365 días al año para mantener la llama entre dos ediciones de los Juegos.

También se espera que la Asamblea valide después de los tensos Juegos de Sochi de este año, la medida 14 de la Agenda que recomienda incluir la no discriminación según la orientación sexual en el Principio 6 Fundamental del Olimpismo.