En los últimos días rondó por la red un video viral que un fanático estadounidense grabó a partir de las distintas celebraciones que hubo en Estados Unidos del gol de Landon Donovan que los llevó a octavos. Con todo y sus fallas, es bastante emotivo.

Previo a iniciar el encuentro entre México y Argentina, lo único que puedo pensar es: Así debe terminar . Para este partido, me reuní con mis amigos más cercanos. Ya sea para morir en la raya o para celebrar un evento histórico.

En un reunión de amigos, como las miles que hubo ayer, todo mundo se burla con la alineación inicial: Bofo en la cancha, no puede ser. Argentina juega con 11 y México con 10. Somos 12 contra 10. Transcurre el partido y todos estamos nerviosos. Caen tres baldes de agua fría. Nos callamos. El primero error arbitral. El segundo desconcentración. El tercero una gran jugada. El consumo de cerveza bajó con cada gol.

En la banca de México, hay conato de bronca, en la reunión no sabemos qué pasa, no atinamos a reaccionar. Por Twitter, estoy en contacto con amigos en distintas zonas de la ciudad, país y mundo. Sus trinos van desde el odio desmedido ante el árbitro a la desolación absoluta, pasando por la típica mentada al Vasco.

Reescribo al minuto 70. Chicharito alza la cara por los nuestros. Se levanta el ánimo en el departamento con todos sus asistentes.

Pero el problema persiste: la Selección llegó a su nivel habitual. Muy distinto al que la televisión nos vendió. Claro, todos compramos el producto.

Otra vez ante Argentina, otra vez en octavos y otra vez eliminados, se acabó el Mundial. El quinto partido tendrá que esperar mínimo cuatro años. Espero.