Jesús estaba en casa cuando un niño tocó a la puerta y le dijo que su hijo quería hacer rapel desde un edificio de siete pisos. Sorprendido, se apresuró para detenerlo y cuando llegó arriba lo encontró emocionado, entusiasmado y le costó un poco de tiempo convencerlo de que se tenían que ir.

Abajo, los niños le gritaban que lo hiciera e Hirving lo iba a intentar. Jesús estaba seguro de que si se hubiera tardado uno o dos minutos más, se hubiera lanzado...

Para sus padres, Jesús y Ana María, nunca fue sencillo controlarlo, era muy travieso y muchas veces se escapaba de la escuela Luis Donaldo Colosio para ir a los puestos de comida del Mercado de las Fuentes y comprarse junto a su amigo, Erick Gutiérrez, un sándwich, “lo hicimos varias veces”, dice.

Hirving, el jugador que se cotizará como el mexicano con mayor valor en el mercado este mismo año, no escatimaba en riesgos. Le gustaba jugar y retarse siempre, “buscaba más, nunca se rendía en nada”, dice su papá.

En otoño, Hirving Lozano —según datos de CIES Football y de acuerdo con una proyección de El Economista— costará entre 35 y 40 millones de dólares.

Si a alguien le seduce tenerlo en su equipo, eso tendrán que pagar.

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- Me acuerdo de él así: chiquito, flaco, travieso, brazos chiquitos, piernitas chiquitas y con su pelito caído pegado a su cabeza, dice Andrés Fassi.

Hirving no sólo es el hambre insaciable de triunfo. También es ciencia: GPS, medición de frecuencia cardiaca, tecnología para trabajar y estimular lo que no se alcanzó a lograr con el balón.

No sería lo que es si no hubiera existido un cambio en la política de formación de jugadores en el club. Pachuca decidió que el corte físico era importante, pero no determinante. La altura, la masa muscular, la corpulencia dejaron de ser prioridad a la hora de darle cabida a los jóvenes.

“No buscamos altos, corpulentos, queremos personas veloces, de una composición fibrilar específica y con cierta composición neuromuscular importante que se manifiesta en velocidad”, dice Marco Garcés, director deportivo de Pachuca y uno de los responsables de crear generaciones de futbolistas competitivos dentro del club.

El equipo ha facturado más de 30 millones de dólares en venta de jugadores de su cantera.

Si existiera un diccionario científico de futbolistas, la definición de Hirving Lozano diría algo así:

- Futbolista de la Selección Mexicana y del PSV. Jugador desarrollado por trabajo excéntrico que le permitió aumentar su fuerza muscular, velocidad articular, con elasticidad en los tejidos, capaz de crear sacrómeros en serie —alargamiento muscular—, con una gran potencia de sus fibras para contraerse, con un control neuromuscular más ajustado, capaz de aumentar la síntesis de colágeno en el tejido conectivo, lo que le permite un mejor funcionamiento de los tendones.

Si lo resumimos de otra manera diríamos que Lozano es una liebre, corre, salta, gambetea, zigzaguea, se escurre.

¿Pero por qué si todos en el club Pachuca tuvieron acceso a esos métodos, él destacó? Garcés trata de explicarlo de una manera teórica: “En Europa, los ingleses miden el deseo de superación. Y él tiene un inextinguible deseo de conseguir cosas”.

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Jesús pensó mientras veía el partido...

-Si acaso logra enfilarse va a tirar, va a tirar, sé que va a tirar.

El narrador de TV lo acompañó. ¡Y va Hirving, Hirving amaga, Hirving debuta... goool de Pachuca!

Febrero del 2014: su estreno en Primera División. La familia Lozano lloró, Hirving los acompañó con algunas lágrimas en la cancha. Al día siguiente, le dijo a su papá: “Toma, ésta es la camiseta con la que anoté ayer”.

-La mayor virtud es de los jugadores, de los que deciden sacrificar su infancia, dice Marco. Y lo peor es que no todos llegan.

Hirving en algún momento pensó que no sería jugador, su cuerpo pequeño, los pocos minutos que tenía en las fuerzas básicas. Casi se convence de que no lo lograría.

Ya sabemos qué es lo que sucedió.

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Pachuca construyó a los últimos dos futbolistas que derrotaron a Alemania. Julio Gómez en el 2011 e Hirving en 2018. Los dos le marcaron a los europeos en dos partidos épicos, desgastantes para el alma y para las uñas de los manos.

Los dos tienen rutas distintas, uno —dice Marco Garcés—: “no pudimos cambiarle”; el otro, aceptó la ruta del club y se construyó como el futbolista mexicano con mayor proyección a futuro.

¿Cómo es la selección humana de los niños, por qué unos sí y otros no?

-Cuando empezamos la selección, lo primero que nos importa es el niño más que el atleta, si detectamos que el muchacho es buen jugador, pero es demasiado problemático preferimos dejarlo salir y nos concentramos en los que verdaderamente tengan chance de llegar a Primera División. Psicólogos, tutores, trabajadores sociales trabajan muy duro con ellos para poder instaurar los valores que nosotros pregonamos.

Fassi dijo hace unos meses que para ser profesional hay que tener fuerza, mucha, para intentar, “sacrificios, fortaleza mental, y dejar de cosas, muchísimas”.

Julio Gómez no logró consolidar su carrera pese a ser la máxima figura del Mundial Sub-17 en 2011. Hirving, hace cuatro años, miró por televisión el Mundial de Brasil.

-Siempre quiere más, dice Marco.

-Tiene una fortaleza increíble, dice su padre, Jesús.

Pachuca preparó su cuerpo, pero Hirving ya venía con a la ambición integrada. Así las cosas parecen mucho más fáciles.

Gracias, don Jesús, por evitar que aquel día hiciera rapel...