Un niño de tres años, cabizbajo por quedarse de nuevo sin hogar, tomó su mochila, su elefante de peluche y entre suspiros se dijo a sí mismo: “otra vez, es hora de rodar”.

Es difícil imaginar que, en este 2021, ese niño acostumbrado a pasar más tiempo cambiando de casa que en la escuela se convertirá en uno de los cinco atletas que han ganado 1,000 millones de dólares en toda la historia. Su nombre es LeBron James, y aunque ya no vive cabizbajo y sin hogar, mantiene esa frase de niño y sigue rodando, pero ahora entre el éxito del deporte y de los negocios.

El 2021 ha sido el año de su consagración en el mundo empresarial: en menos de una semana (en marzo), se convirtió en accionista de los Red Sox de Boston, equipo de las Grandes Ligas, y firmó un acuerdo con PepsiCo después de 17 años de relación con la marca contraria, Coca-Cola. Aparte de eso, es accionista del equipo de futbol Liverpool, de la cadena Blaze Pizza, y de la marca de audífonos Beats.

De acuerdo con Forbes, su fortuna alcanzará los 1,000 millones de dólares en este año, y por algo más que la cancha: el 70% de eso proviene de patrocinios a lo largo de sus 18 años en activo en la NBA.

Sus principales patrocinadores han sido: 2K Sports, AT&T, Beats, Coca-Cola (rompieron en enero), GMC, KIA, Nike, RIMOWA y Walmart; también fue considerado en 2020 como el quinto atleta mejor pagado del mundo con un ingreso total de 88.2 millones de dólares, solo superado por Cristiano Ronaldo, Lionel Messi, Neymar y Roger Federer.

Los ingresos de James alcanzarán los 95.4 millones de dólares en 2021, un récord para cualquier atleta de EU; el 60% provendrá de la venta de memorabilia, patrocinadores y otras fuentes.

Pero su poderío va más allá de los rankings de atletas. Forbes también lo incluyó en la lista de los 100 empresarios más ricos de Estados Unidos menores de 40 años en 2016, cuando su patrimonio neto era de 275 millones de dólares. En ese listado, figuró junto a personajes de negocios como Mark Zuckerberg (Facebook), Garrett Camp (Uber) y Evan Spiegel (Snapchat).

Al llegar a los 1,000 millones de ganancias, LeBron se unirá al golfista Tiger Woods, al boxeador Floyd Mayweather y a los futbolistas Lionel Messi y Cristiano Ronaldo como los únicos en la historia del deporte que alcanzan dicha cantidad.

Su más reciente vínculo con PepsiCo es un acuerdo multianual en el que el jugador de los Lakers será el rostro de la bebida energética MTN Dew Rise y, eventualmente, también de la marca Pepsi. Cuando LeBron jugó para Coca-Cola, representó a Sprite y Powerade.

“LeBron es el epítome de la motivación y ha alcanzado un estatus legendario aprovechando todas las mañanas. No solo continúa sobresaliendo dentro y fuera de la cancha, sino que también ha dedicado su vida a ayudar a otros a mejorar”, mencionó Fabiola Torres, CMO de PepsiCo.

Unas horas antes (el 15 de marzo), James anunció un vínculo con Fenway Sports Group, la organización presidida por el multimillonario John Henry, para ser copropietario de los Red Sox de Boston, junto a Tom Werner y Maverick Carter. Ni PepsiCo ni Fenway informaron el porcentaje de propiedad de LeBron.

De esta forma, el vigente campeón de la NBA y máximo anotador de playoffs en la historia, es también un empresario con presencia en las Grandes Ligas, en la Premier League, en la industria del cine (creó su propia casa productora, Springhill Entertainment, con la que filmó la secuela de Space Jam) y en el altruismo, invirtiendo en la construcción de I promise, una primaria en su ciudad natal, Akron, Ohio.

Incluso aspira a ser dueño de un equipo de la NBA “más temprano que tarde”, pese a las restricciones que esta liga pone a sus jugadores para hacer este tipo de acciones empresariales, entre otras: “Mi objetivo es tener una franquicia de la NBA. Tengo mucho para dar al juego, sé lo que se necesita para ganar a este nivel, conozco el talento y también sé cómo administrar un negocio”.

Pero detrás de esta mentalidad visionaria de un basquetbolista de 36 años que lo ha ganado todo (tercer máximo anotador en la historia de la liga, único en ganar títulos con tres diferentes equipos y cuatro veces MVP de la temporada), se encuentra un niño que deambuló en los vecindarios de Ohio bajo el respaldo de una madre a quien le agradece todo.

“No tengo las palabras, no puedo sentarme aquí y explicar. Tenía a mi madre para cubrirme, para darme seguridad. Cuando era pequeño, ella era mi madre, mi padre, todo. Crecer en un hogar monoparental, ver lo que podía hacer sola, eso me dio mucha fuerza”, mencionó en una entrevista ya como figura de la NBA.

Gloria Marie James tuvo a Bron Bron, como le llamaban de cariño al basquetbolista en su infancia, cuando ella tenía apenas 16 años. El padre biológico la abandonó y ella se vio forzada a renunciar a sus estudios para hacerse cargo de su hijo. La familia James era soportada por la abuela, Freda James, pero otro golpe los sacudió muy pronto: en la navidad de 1987, Freda murió de un ataque cardíaco y Gloria debía ser el nuevo bastión familiar.

Una madre soltera adolescente fue la líder que impulsó el talento de LeBron, quien comenzó en el deporte como corredor de futbol americano en uno de los barrios de Ohio; la perseverancia de su madre le permitió seguir vinculado a la educación y, desde que estaba en la preparatoria de Saint Vincent-Saint Mary, llamó la atención del mejor basquetbol del mundo.

Aún recuerda que en su infancia pasó muchos días viviendo en la incertidumbre de mudarse de casa ante las precariedades que azotaban a su familia. Tal vez por eso no se volvió loco cuando recibió su primer sueldo en la NBA: 4,018,290 dólares, con los Cleveland Cavaliers.

Para la temporada actual, ese salario se ha multiplicado por nueve (de acuerdo con Spotrac, gana 36,8979,761 dólares con los Lakers en 2020-21) y su legado roza los 1,000 millones de dólares. Pero LeBron no ha dejado de ser Bron Bron, aquel niño que sostenía su mochila y un elefante de peluche cada que se cambiaba de casa.

Sigue rodando, pero ya no para cambiar de domicilio, sino para forjar un legado que impulse a otros niños y otras minorías lastimadas en el mundo. Con el recuerdo de aquel niño de tres años, tomó fuerza para contestarle a Zlatan Ibrahimovic: “nunca voy a callar las cosas que están mal, voy a seguir usando la plataforma del deporte para continuar arrojando luz sobre todo lo que está sucediendo en este país y en todo el mundo”.

fredi.figueroa@eleconomista.mx