TOLUCA. Un hombre de 52 años camina cruzado de brazos en un espacio de 10 metros, apenas se topa con una línea blanca pintada en el césped, da la media vuelta y da otros 10 pasos en dirección opuesta. Pocas veces grita, prefiere hablarles al oído a sus jugadores, hacerlos correr a la frontera que delimita el área técnica y, como señal de convicción, darles una palmada en el glúteo.

En su fase más didáctica, utiliza ambas manos para señalar los movimientos que quiere ver en la cancha y en los momentos de tensión, como cuando Bryan Lozano se encara en una discusión con Rodrigo Salinas, impide que los jugadores de la banca intervengan en los reclamos. ¿Qué haces cuando eras campeón, pero faltan 80 minutos para que termine el juego?

Santos consiguió su sexto título de campeón al empatar 1-1 ante Toluca en el partido de vuelta de la final del Clausura 2018, global de 3-2.

En el primer torneo completo que dirige el entrenador uruguayo, después de 15 años de buscar una oportunidad como máximo responsable de un equipo, Santos Laguna confió en un hombre que hasta antes de ser ratificado como técnico titular ya había experimentado al menos uno de los factores que desencadenan en los hombres de entre 40 y 60 años la llamada crisis de la media edad: la búsqueda de un sueño o una meta no cumplida.

Después de acumular 144 partidos como entrenador en Liga de Ascenso con Cruz Azul Oaxaca, Cruz Azul Hidalgo y Dorados de Sinaloa, otros 17 encuentros como entrenador de porteros en Monterrey, incluso tres interinatos y una experiencia en Atlas en la época de jugador, donde aprendió el sistema de sus fuerzas básicas, Siboldi encontró la confianza que buscaba hasta que en diciembre lo confirmaron como el entrenador de Santos, su primera experiencia en Primera División como máximo responsable.

“Las cosas pasan por algo. En Cruz Azul me formé y gané experiencia, si no se pudo continuar en el primer equipo por algo fue... quizá no estaba listo”, dijo el entrenador de Santos todavía este año, en una entrevista.

El entrenador de Santos, en lugar de comprar una motocicleta, un auto deportivo, o tener la vida de un playboy, en 23 partidos convirtió a Santos Laguna en campeón de la Liga MX.

No se puede tener mejor comprensión de un estilo que la que tiene Siboldi con sus jugadores. El entrenador uruguayo no es un histrión de la banca o un dictador del vestidor, y quienes conviven con el técnico en el día a día indican que les gusta platicar con sus jugadores, está al pendiente de los detalles de la plantilla y decidió hace 10 años que su lugar de residencia definitiva sería México, y fue cuando recibió su carta de naturalización, con la que obtenía la nacionalidad mexicana.

Osvaldo Martínez, el capitán del equipo, demostró su disgusto cuando salió de cambio al minuto 55, se fue a la banca sin darle la mano a su entrenador, pero Siboldi lo alcanzó para darle la mano, hacer las paces.

En un técnico y jugador donde los escándalos son nulos, la evidencia de su carácter se muestra hasta en los momentos más alegres, como en el gol de Julio Furch, en los primeros 10 minutos del partido de vuelta, cuando el delantero argentino se encontró de frente a la portería de Alfredo Talavera y sacó un disparo que el portero no pudo atajar. Entonces, Siboldi se fundió en un abrazo con su auxiliar, Gonzalo Cigliuti, pero pasaron unos instantes y les pidió calma a sus jugadores llevándose las manos a la cabeza.

A pesar del gol de Gabriel Hauche a falta de 10 minutos del final del juego, lo que ocasionó un estrés en los jugadores de Santos, quienes comenzaron a fallar pases y cometer faltas, el entrenador lucía tranquilo, las manos a la cintura y caminando de un lado a otro. Ya había realizado sus tres cambios, y sólo era momento de esperar el desenlace y mirar si su estrategia daba resultado.

Sí, una de las virtudes de Robert Dante Siboldi es la paciencia. Esperó 15 años para convertirse en técnico de Primera División, que más daba esperar 10 minutos para alzar el trofeo de campeón.

eduardo.hernandez@eleconomista.mx