Hace algunos días, Seung-Woo Lee volvió a vestir la playera de Barcelona. Al complejo deportivo Joam Gamper asistieron más de 1,000 personas, inusuales para observar al equipo juvenil blaugrana, al que sólo acompañan familiares y amigos cada semana en los partidos, pero el encuentro significaba el retorno del delantero surcoreano a la competencia, después de que su fichaje en el 2011 detonara la investigación, años después, de la FIFA sobre la legalidad en las transferencias de futbolistas extranjeros menores de edad y que hoy nuevamente ponen como centro de operaciones al futbol español.

Todos buscan al nuevo Messi , dice Juan Pablo Meneses, periodista chileno y autor del libro Niños Futbolistas, quien explica que el descubrimiento del jugador argentino hizo que los clubes de futbol repliquen la misma estrategia: encontrar a la nueva joya del balompié desde la niñez.

No es extraño que Real Madrid y Atlético de Madrid también sean objeto de sanciones por parte de la FIFA por violar las reglas de fichajes en menores de edad, y, como ya le sucedió a Barcelona en el caso de Lee, deberán cumplir un año de suspensión en el mercado de transferencias.

Según el Sistema de Correlación de Transferencias, España solicitó, en el 2014, 22% de los traspasos de menores de edad en todo el mundo, con un total de 400 operaciones, superando ampliamente a Portugal, que con 188 transferencias ocupó el segundo lugar.

Ahora que los dos equipos madrileños son investigados y se descubrieron irregularidades en los traspasos, el universo de futbolistas extranjeros menores de edad, tan sólo en los tres equipos castigados por las autoridades, es de 71 futbolistas, que van desde siete a 18 años y provienen de 35 países distintos.

El texto de Juan Pablo Meneses indica que el fichaje de un futbolista menor de edad con un club extranjero puede costar entre 200 -si es todavía amateur- hasta 6,000 dólares, si ya tiene registro ante una federación nacional.

Del total de jugadores juveniles extranjeros de los tres grandes clubes de España, 74% no son europeos; es decir, que no cumplen con la proximidad de residencia -no mayor a 50 kilómetros de su nuevo club- y tampoco nacieron en un país que pertenece al espacio económico europeo, por lo que sólo se pueden amparar al cambio de residencia de sus padres por motivos laborales no ligados al futbol.

África y América son los proveedores de las canteras de Real Madrid, Atlético de Madrid y Barcelona; países como Estados Unidos, Brasil (cinco futbolistas cada uno), Etiopía y Guinea-Bissau (cuatro) son los que más jugadores menores aportan; pero también existen futbolistas que nacieron en Cuba, República Dominicana, Sudán, y que ahora mismo juegan en España.

Para clubes con el poderío económico de Barcelona, Real Madrid y Atlético de Madrid, los únicos españoles entre los 15 equipos con mayores ingresos en el mundo según Deloitte, pueden invertir recursos en captación de talento, firmar convenios con escuelas o clubes alrededor del mundo e incluso gastar millones de euros en fichajes, como los merengues, que desembolsaron 3 millones de dólares por Martin Odegaard, un futbolista noruego de 16 años.

Sin embargo, clubes modestos del futbol español también incluyen a extranjeros en sus equipos formativos, como Getafe, que cuenta con siete jugadores extranjeros menores de edad, Deportivo la Coruña que suma cuatro, Espanyol con 15 futbolistas y hasta Athletic de Bilbao, orgulloso de su regionalismo vasco, tiene en su academia de formación dos futbolistas de Camerún y un estadounidense de nacimiento.

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Seung Woo-Lee pasó los últimos dos años en Corea del Sur entrenando con un equipo de su país. El delantero que desató las investigaciones sobre la legalidad de los traspasos de menores de edad y motivó a la FIFA a endurecer las reglas, pudo jugar sus primeros minutos ya como profesional hace apenas seis días, en un partido que terminó con empate sin goles, pero que, según las crónicas, dio muestra de velocidad, instinto y remate, cualidades que fueron detectadas por un entrenador cuando apenas tenía 13 años de edad.