El número 37, Harry Kane, siente el contacto del portero y cae al césped. El árbitro marca penal y al joven jugador del Tottenham le hierve la sangre por cobrarlo. Sus compañeros son amables y le ceden la oportunidad, quieren que el novato tenga un feliz debut. Los killers se alimentan de goles y él quiere ser uno de ellos. ¿Acaso hay una mejor bienvenida para un delantero que marcar un gol en su primer partido?

Es 28 de octubre del 2011, de noche, y Londres tiene un poco de niebla. Está  en casa, un buen cobijo para empezar a ser profesional. Hace unos días Tottenham venció a 5-0 a su rival, el Hearts de Escocia en la ronda previa de la Europa League. Nada está en juego. Kane se alista, corre, se detiene una fracción de segundo, dispara. Falla.

“Te mentiría si te dijera que pensábamos que sería un jugador extraordinario y brillante”, le contestó Alex Inglethorpe, miembro de la academia del Tottenham, a un reportero de la BBC hace unos meses.

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¿Qué tiene que ocurrir para que de un año a otro marque más de 30 goles?, ¿dónde está la magia?, ¿qué diablos tiene que pasar para transitar de ser un tipo normal a ser el mejor goleador de la Tierra?

Kane rompe con el estereotipo que tenemos en América Latina de los británicos: no toma ni una gota de alcohol en casi 10 meses, le gusta estar en casa, no va a pubs, y si tiene que decidir por una fiesta o una partida de golf, prefiere el green.

“Estuvo obsesionado en corregir sus errores”, dicen en la academia de los Spurs. Kane no es de los jugadores o de las perlas de una cantera que en cuanto están listos debutan en el primer equipo. Leyton Orient y Millwall estuvieron antes de su primer partido aquella noche ante el Hearts, en la campaña siguiente debutó en la Premier League pero luego lo vieron poco útil y pasó por Norwich City y Leicester City.

“Quiero ser una leyenda del Tottenham”, dijo hace un año, ya cuando las cosas eran totalmente diferentes a su inicio poco esperanzador.

Alguna vez Jorge Valdano, en su libro Los 11 poderes del líder, explicaba que Raúl era un jugador y un delantero extraordinario en el Real Madrid pero sobre todo que nunca, jamás, escatimaba en el esfuerzo.

“Alguna vez al terminar el partido vi sentado en el pasillo a Raúl temblando del esfuerzo (...) nunca se quedaba nada”. Así es Kane y también sólo así se puede entender que un futbolista considerado como normal (como los hay millones en el mundo) terminara siendo extraordinario.

¿Cómo Kane llegó a ser una máquina de goles?, el articulista británico Pulasta Dhar dice que “jugadores con cualidades hay muchos, cientos de delanteros con sus capacidades, pero para estar en ese nivel no sólo basta entrenar duro, no, necesitas lo que tiene Harry: carácter, compromiso, responsabilidad y una confianza muy grande”. Este martes se confirmó como el mejor goleador del 2017 en el mundo, superó a Messi, Cristiano, Cavani, jugadores que en la teoría y en la práctica han demostrado ser mejores que él. Tienen más recursos, son hábiles, letales, hacen cosas extraordinarias, sí, no hay debate, son mejores que Harry, pero también, al menos este año, Harry es mejor que ellos: nadie metió tantos goles como él.

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Tampoco es que Kane tenga una preparación ultrasecreta para marcar tanto. El primer gran acierto lo tuvo su club, el Tottenham, al no dejarlo ir, como sí lo hicieron el Arsenal y Watford, quienes lo vieron con cualidades como hay millones y entonces no se opusieron a que se fuera. Pero los Spurs no, ellos lo cobijaron, analizaron sus cualidades a través de su tecnología de datos, le midieron sus ventajas, desventajas y le “hicieron trabajar en sus defectos”, dijo Alex Inglethorpe.

Pero sobre todo hay que sumarle la mentalidad de Kane, un británico con fortaleza alemana como lo han catalogado muchos analistas de la propia isla británica.

Ni los cambios de equipo, ni aquella noche del penal fallado justo en su primer partido como titular, ni personalidades como Messi, Lukaku, Ronaldo, Neymar, Cavani, Lewandoski o cualquier delantero del planeta le intimidó. Se mejoró, se perfeccionó y se hizo uno de los killers más peligrosos.

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Ayer Harry Kane marcó un triplete en la goleada del Tottenham (5-2) en el tradicional Boxing Day que le permite acabar el 2017 como máximo goleador de las grandes ligas europeas este año. En la goleada del Tottenham (5º) por 5-2 sobre el Southampton (14º), Kane alcanzó los 56 goles en el 2017 y superó la cifra de 54 del argentino Lionel Messi, teniendo en cuenta los datos de los clubes y de sus respectivas selecciones nacional.

Otras tres estrellas acaban el año con 53 goles: Cristiano Ronaldo (Real Madrid y Portugal), Robert Lewandowski (Bayern de Múnich y Polonia) y Edinson Cavani (París Saint-Germain y Uruguay).

“Messi y Cristiano Ronaldo han dominado el futbol durante mucho tiempo. El simple hecho de ser comparado a ellos es algo grande para mí. Me da confianza para el próximo año”, admitió el héroe del día a la televisión Sky Sports.

Además, consiguió establecer un nuevo récord anotador en un año natural de la Premier League, dejando atrás los 36 de Alan Shearer en 1995 para acabar con 39.

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Kane tiene 24 años, el Real Madrid —dice la prensa europea— habría ofrecido 200 millones de euros para que sea su delantero estrella la próxima temporada.

Pero Harry no cambia pese a las opciones estratosféricas que mira en el futuro, no se siente brillante aunque lo sea y dice que seguirá siempre prefiriendo quedarse con sus hijos que ir a un evento social, llegar a casa y acariciar a sus dos labradores, Brady y Wilson, darle un beso a su mujer “que ha estado conmigo desde los tiempos del colegio” y seguir pensando en cómo mejorar.

—¿Qué te hizo mejor?...

“Mi nutrición cambió este año, eso me ha ayudado mucho a estar físicamente, cuando tienes dos o tres partidos a la semana realmente hay poco tiempo para entrenar, entonces lo que comes, una buena terapia en una tina de hielo y los estiramientos son lo mejor, eso es lo que he hecho este año especialmente”.

Así define Harry Kane su receta del éxito. Y lo otro, lo de mejorarse cada día, no se aprende, se tiene o no, y está claro que Harry es de esos. ¿Rendirse?, jamás.