El University of Phoenix Stadium estalla en gritos. De esos que no acaban. Son decenas, miles de fanáticos los que les observan. También les veneran ya. Hace una década que los aficionados de Patriotas no sentían esa sensación de alegría corriendo por sus venas.

Llegar a la cúspide deportiva no es fácil. Pero cuando se quiere y a uno le dan los medios para intentarlo, no hay que dudar. Así lo reconoce Bill Belichick, el entrenador que buscó hacer historia con New England Patriots y lo logró al sumar su cuarto Super Bowl, luego de su temporada 40 como entrenador, la 20 como entrenador en jefe y la número 15 con Pats.

Cierto grado de crueldad posee cada deporte. En el futbol americano, lo sabe Belichick, cada golpe duele. Lo supo aquel día, cuando fracasó al frente de Cleveland Browns. Lo supo en la temporada 2007, cuando personal de seguridad de Jets descubrió a un empleado de video de Patriots filmando una práctica de Nueva York antes de un partido en East Rutherford, una práctica que no es permitida; fue multado con 500,000 dólares, cifra récord para un entrenador, y la NFL despojó al equipo de su primera ronda del siguiente draft.

Apenas hace unos días, el coach volvió a ser blanco de las dudas, luego de la polémica de los balones desinflados en el encuentro ante Colts por el título de la Conferencia.

Son esos golpes los que han hecho que para el conocido como Monje, por su peculiar manera de vestir la capucha de su sudadera, haya quienes lo veneren o lo aborrezcan.

Y es que Belichick se caracteriza por ser de aquellas personas a las que poco les importa agradar al mundo. Una semana antes de los balones desinflados, el juego contra Baltimore volvió a poner en entredicho su reputación.

¿Una verdadera genialidad o una trampa bien disfrazada? Belichick sacó del campo a uno de sus cinco linieros ofensivos en un momento crucial del partido de playoffs contra Baltimore y lo remplazó por un corredor. La regla obliga a tener determinado número de linieros que no pueden ser elegibles para salir como receptores.

La defensa de Ravens se confundió por la presencia del corredor en la línea de golpeo, teniendo que dedicarle atención y abriendo espacios atrás que capitalizó Patriots en una serie de touchdowns y una eventual victoria.

Son esas formaciones inusuales, las jugadas sorpresa, la personalidad agria, las sospechas de hacer trampa, pero también la excelencia competitiva y la preparación a tope lo que caracterizan al Monje.

El legado que ha dejado ya Belichick en la NFL es innegable. Mucho se debe a su personalidad firme, impasible, metódica y analítica; brusco por su honestidad y difícil de descifrar.

Quizá por ello sus Pats han sido el modelo de franquicia: han ganado 12 títulos de división, llegaron a nueve campeonatos de conferencia, y disputaron su sexto Super Bowl, logrando su cuarto título.

Él tiene el mayor número de victorias de postemporada de todos los tiempos (21) y ya ha empatado el récord de Chuck Noll a lograr su cuarto Trofeo Vince Lombardi.

Bill es ejemplo de coaching, que lleva en su filosofía tres reglas: no crees ni alimentes demasiadas expectativas; ignora el ruido y habla por ti mismo. El mismo que aprendió ese liderazgo de su padre Steve, un hombre entregado al futbol americano durante 43 años como entrenador y reclutador de talento, y por quien el coach de Nueva Inglaterra se enamoró de este deporte. Hoy la leyenda Belichick sin duda se perpetúa... ahí, en el University of Phoenix Stadium, que estalla en gritos... de esos que no se acaban.