Quizá pase mucho tiempo para que los greens que conforman el campo del club de golf Tres Marías vuelvan a tener tanta vida como la tuvieron ayer, cuando millones de aficionados, unos miles en el campo y millones a través de la televisión, vieron con tristeza la partida de Lorena Ochoa.

El adiós tuvo sus cifras, todas en aumento para ver a la que ya es una de las leyendas del golf. De acuerdo con el organizador del evento, Manuel Romero, unas 44,000 personas siguieron durante los tres días las rondas de la tapatía. Incluso, de acuerdo con datos obtenidos por El Economista, el anuncio de que Tres Marías significaría un alto en el camino ocasionó que la venta se disparara hasta en 40 por ciento. Para la televisora que transmitió el torneo, ESPN, la cifra de telespectadores alcanzó las 10 millones de personas. Todos lamentando la partida.

Ayer en el green, lo que se percibía era un sentimiento de abandono. Porque Lorena había dejado huérfano a un deporte que ella misma se había encargado de reinventar a través de casi una década.

Por eso muchos reprocharon la decisión de la tapatía ¡No te vayas! , gritaban desde la tribuna, en los greens, en los caminos, en una tarde pletórica de pañuelos blancos que se sacudían incrédulos y un adiós que arrebató lágrimas hasta a los más secos.

Incluso la ganadora del Tres Marías Championship, Ai Miyazato, no logró contener las lágrimas es mi mejor amiga, la extrañaré , aseguró la japonesa, quien ayer se adjudicó su tercera victoria de este 2010.

Cierto. Ni siquiera la misma Miyazato dio tanta importancia a su título, el cual consiguió tras una ronda casi perfecta de 67 golpes, seis por debajo de par, y un acumulado de 273 impactos, 19 por debajo de par, para dejarle el momento de la tarde a la tapatía.

Lorena, justo en su último putt tomó un respiro y sonrió, como si de sus hombros hubiera quitado un gran peso de encima, mientras miraba a la distancia a Andrés Canesa, el responsable de que la reina decidiera ceder su corona. ¡Divór­ciate! , gritó en la tribuna un atrevido.

Nadie sabe, a partir de hoy, quién llenará su lugar, quién tomará el espacio de la persona íntegra, amable y luchadora que Lorena acostumbró ser. Lorena, ¿y ahora… a quién le vamos a echar porras? , y llena de lágrimas, los abandonó.

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